lunes, 14 de enero de 2013

La pantalla

[...]
-Llevaba el pelo largo y suelto, que le caía por el cuerpo, por encima del pecho, sobre su jersey de color verde y manga larga. Con unos vaqueros de azul claro y unos zapatos de color madera, vamos, un color marrón claro un poco anaranjado. Pendientes creo que no llevaba, pero no estoy del todo seguro. Y el bolso era pequeño, redondeado, de piel marrón y de aspecto suave. Y estaba comiéndose unos donuts. ¡Ah! Y las uñas no las llevaba pintadas, bueno, puede que llevera esmalte de ese transparente, pero nada más.
-¿Y después de eso quieres que me crea que no te acuerdas de su cara?
-Agente, yo no he dicho que no recuerde su cara, sino que no se la vi.
-¿Cómo no ibas a verla si estaba sentada justo frente a ti?
-Porque las pantallas de ordenador de 24" tapan bastante y, a día de hoy no son precísamente transparentes.
-Chico, no me vaciles o tendrás problemas.
-Nada más lejos de mi intención. Por favor, siéntese ahí. Y yo me sentaré aquí, en mi sitio. ¿Me ve la cara?
-No.
-Yo a usted tampoco.
-Me has vacilado totalmente, chico, pero reconozco que tenías razón.
-¿Para qué iba a mentirle? Creo que conozco todo el armario de esa chica, sus gustos en bebidas, snacks, los colores para uñas que más usa y sus peinados favoritos; pero ni conozco su voz, ni si es pecosa, o tiene los ojos verdes, o azules... Porque no le he visto la cara nunca, siempre estaba la pantalla en medio.
[...]

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