jueves, 11 de julio de 2013

Porqué

-No lo entenderías.-La piel nívea en la cara de Rubén no pareció moverse lo más mínimo, dejando las palabras sin la compañía de un gesto o una emoción. Sólo su mirada lánguida y perdida podía interpretarse como un atisbo de hastío. Pero a pesar de la rotunda afirmación continuó liberando sonidos desde sus labios.-Es una inquietud, una necesidad vital, como respirar o comer; sin eso estoy condenado a muerte, una muerte lenta y agónica. Para mí, cada porqué que se me queda sin resolver es como una espina larga y afilada que se clava en mi corazón, y alguna acabará por matarme, lo sé.
-¿Es por eso que volverás a hacerlo?
-Sí, desde luego, cuando no existe una lógica, cuando no está claro a pesar de las preguntas y las respuestas no queda más remedio que volver a formularlas, iguales y diferentes.
-No hablamos de matemáticas sino de personas. Y las personas, muchas veces, no tienen lógica en lo que hacen.
-Siempre hay una lógica, y ahí es cuando estalla el conflicto, cuando las respuestas no se corresponden, cuando el ayer y el hoy divergen tanto que no tienen sentido.
-Eso puede ser porque existe la mentira.
-Es posible, pero la mentira sólo oculta la verdad, el porqué, sólo lo distorsiona y lo hace más complicado de encontrar. Y si alguien miente es porque es un necio.
-¿Has pensado qué tal vez el porqué que buscas sólo está en tu mente?
-Sí, y no te digo que sea imposible, pero cómo me podría equivocar antes y no ahora; los datos están ahí, la evidencia, también. Lo único que se interpone entre ellos es la mentira que las personas ponen ante sus ojos para negarlos, para intentar engañar al que busca la verdad, al que busca el porqué; pero me da igual, haré lo necesario para conocer las respuestas.
-¿Aunque eso signifique terminar con todo?
-Amigo mio, si no encuentro el porqué, todo está acabado ya.

martes, 9 de julio de 2013

Rosa

Tengo que reconocer que ha puesto empeño, tanto empeño que al final no tengo más remedio que inclinarme y admitir la razón que me negaba a darle. Mi error me ha llevado a pecar tantas veces de ingenuo, que casi me dan ganas de clavarme un cuchillo en el pecho por simple castigo de mi idiotez; pero eso fue antes, ahora ya no soy un idiota. Ahora ya sé que la fragancia de las rosas sólo se puede aspirar una o dos veces, luego la flor muere y el dulce aroma se torna en una clase de hedor podrido que lo impregna todo alrededor, haciendo insoportable visitar el jardín. Y una vez que ocurre sólo podemos arreglarlo con una concienzuda poda... Ya no olvidaré nunca más aspirar, cortar y tirar.