jueves, 9 de marzo de 2017

Y otra...

Se miró en el espejo y la imagen plana y desnuda le devolvió el gesto con una mirada cansada y vacía, una mirada llena de hastío y desprecio; una mirada que se había prometido que no volvería a tener. Lentamente, con un movimiento que no había llegado a olvidar, con los dedos surcó sobre su cuerpo las heridas en alma. No podía ver, pero sí sentir, las cicatrices que habían desaparecido bajo las nuevas vetas carmesís, reduciendo su ánima a una casi nada. Se preguntó cuántos trozos más podría perder aún antes de que se desvaneciera por completo, y también se aterró al pensar qué pasaría después cuando aquello ocurriera. ¿Se convertiría en un fantasma? ¿O simplemente moriría? Se encogió de hombros mientras daba la espalda a su yo atrapado en el lado argento y bebió un trago del vaso ancho, con el líquido de color acaramelado y aroma fuerte y seco, que se había preparado instantes antes. Aquel sabor era para él el de las lágrimas que nunca había sido capaz de derramar cuando le ocurría aquello, cuando el diente en aquel engranaje encajaba y lo aplastaba sin piedad, una vez, y otra.  Una vez y otra. Y otra...

lunes, 5 de diciembre de 2016

3 Palabras (6)

Siempre que quería ver el mundo de forma diferente sabía a dónde tenia que acudir. Aquel era su pequeño rincón. El crisol donde había formulado tantas ideas. Su pequeño secreto. Nadie excepto Arhur sabía quién era él en verdad. Y esperaba que así siquiera por mucho tiempo. Con un suspiro miró alrededor, temeroso de que alguna de las personas en las otras mesas pudieran reconocerlo, pero no parecía que fuera así. Sacó el ordenador portatil de la bolsa y mientras el aparato arrancaba cogió su Jack Daniels Cola, en el que bailaban unos cuantos cubitos de hielo que lentamente se fundían, añadiéndose a la mezcla, suavizándo su sabor al mismo tiempo que la mantenían fría. Levantó el vaso hasta ponerlo a la altura de sus ojos y miró a través de él y del líquido. Sonrio ante las imágenes distorsionadas y dió un trago. Tenía mucho que hacer aquella noche.

3 Palabras (5)

Cerró los ojos y aspiró profundamente. Separó cada sonido en la bodega de carga, todos y cada uno de los olores. Percibió, antes de que se oyera la voz de los marinos anunciarlo, que se acercaban a tierra. En ese momento sintió una profunda armonía. En cuanto se abrió la trampilla salió al exterior y dejó que la brisa marina le golpeara el rostro y llenara sus pulmones. El cielo se teñia de rojo en el amanecer y recortaba las montañas al Este, en la distancia pero cercanas al puerto donde el navío se adentraba. El pulso se le aceleró mientras tomaba consciencia de que estaba más cerca de su verdadero destino: La Ciudad entre las Montañas, o la Ciudad de los Siete Sabios. Allí, entre ellos, empezaría de nuevo su aprendizaje.

3 Palabras (4)

Siempre lo había sabido, que la libertad, la de verdad, no se encontraba en hacer lo que uno quisiera siempre, lo que le viniese en gana a cada momento, no, eso no era libertad para nada; sólo se trataba de una cárcel que nosotros mismos construimos con ladrillos de egoismo. No, la verdadera libertad se encontraba en aprender de todo, a cada instante y, desde luego, sonreír, sonreír hasta que no fueran sólo los labios los que se cansaran de hacerlo, si no todo el cuerpo.

3 Palabras (3)

Le encantaba, tenia que reconocerlo. Le daba vergüenza que la gente lo supiera, pero no podía negarlo por más tiempo, vivía con todos sus sentidos puestos sobre ella. Le admiraba, suponía, la simpleza de sus formas, de su esencia, porque eran como si por ello pudiera contenerlo todo. En cierto modo sabía que era algo enfermizo, aquella incesante búsqueda, pero tenía el convencimiento de que todo habría merecido la pena cuando, miles de kilómetros después, tras haber recorrido el mudno de Sur a Norte y de Este a Oeste, hubiera encontrado la perfecta: PIZZA CUATRO ESTACIONES, la única que en verdad se merecería que se escribiera con mayúsculas.