jueves, 22 de noviembre de 2012

Ayer y Hoy


Ahí estaba, en el portal, tocando al timbre. Arreglado, nervioso, con miedo helado en las venas y una flor escondida en la espalda. No una rosa, un tulipán de sol. Respiró acelerado durante el tiempo que tardó en oírse una invisible voz sonriente. Le siguió un silencio eterno, un segundo, y se escuchó-Soy yo-, le siguió el gruñido redondo del cerbero, franqueándole el paso. Desapareció tras la puerta de rejas verdes y cristal blanco. Todo quedó en silencio.
            Hoy llueve y el gris, séquito que lleva en hombros al difunto, le acompaña. Ni tulipán, ni rosa, nada a la espalda. La chaqueta apenas es un velo, y en la cara viaja un erizo descuidado. Pasan horas y no llega ninguna voz invisible, ninguna voz sonriente, ninguna voz. El cerbero le mira, le impide el paso. No desaparece tras la puerta de rejas verdes mordidas de negro, ni tras el cristal que juega a pirata con un parche de pino. Se marcha perdiéndose en la esquina, dejando un equilibrista blanco de cuatro piernas en la puerta. Todo quedó en silencio.


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