martes, 28 de octubre de 2014

A partir de una palabra o frase...

«¡Joder!, qué de cosas quedan por hacer esta semana». No pudo reprimir iniciar el pensamiento con una palabra malsonante, pero al menos se había mantenido en silencio y todo quedó dentro de su cabeza. El repiqueteo de unos tacones contra el suelo marmóreo hizo que se detuviera, girándose para quedar frente a la fuente del sonido: una joven mujer, menuda y de largo pelo castaño, cuya ropa negra se ceñía perfectamente a su cuerpo como una especie de segunda piel, resaltando cada una de sus curvas. En la mano traía un "book" de amplia pantalla y casi inexistente grosor. Casi podía decirse que era una hoja de papel gruesa. Sonrío ante la analogía que acababa de formular, era de los pocos allí que sabían lo que era una hoja de papel por algo más que una clase de historia y, en su caso, hacía mucho tiempo que no tenía una en las manos. No recordaba la fecha exacta en la que, por fin, se puso fin al papel, pero hacía bastante: posiblemente en sus veinte.
─¿Qué sucede? ─«Problemas, seguro. Me van a complicar aún más los días, y no por ocio como tenía antes en mente, sino con trabajo, trabajo del duro además...», se respondió a sí mismo.
─Ha llegado esto. ─Le tendió el "book" con desgana.
Lo cogió, mirándolo despacio: en la superficide reflectante y lumínica se veía una fotografía aérea de una calle. Con un gesto de los dedos, sin llegar a tocar, expandió la imagen. Las calles avanzaron y se hicieron más cercanas, con mayor definición. Repitió el movimiento y el detalle se incrementó para que pudiera encontrar lo que esperaba no estuviera allí.
─Es de los grandes, ¿verdad?
─Sí.
─Entonces no volveré a casa para cenar.
─Me temo que no.
─Dígale al general que enseguida estaré allí.

La sala de mando estaba abarrotada, todos los paneles en las paredes, sobre las mesas o colgados del techo, vomitaban datos. Unos en forma dcon imágenes reconocibles de la ciudad: fotos por satélite, reconstrucciones CAD. Otras enseñando líneas y líneas de informes. Y algunas más gráficos y estadísticas. La gente trabajaba a toda velocidad, aumentando así la sensación de urgencia. Se detuvo al entrar, justo al límite del umbral, lo suficiente para que el sensor de proximidad aún lo viera y no cerrara las puertas correderas, y respiró profundamente.
«No llegaría para cenar... qué optimista soy a veces. Si es la mitad de grave de lo que parece voy a estar aquí toda la semana. Joder. ¡Joder! ¡JODER!».

viernes, 24 de octubre de 2014

¿Cómo es tu ciudad Invisible?

En una palabra: Silenciosa. Posiblemente esto no te diga nada, pero déjame intentar explicarlo de una forma sencilla; y para ello contestame a las siguientes preguntas: ¿Cuántas veces has pasado cerca de una reja un poco oxidada con altos setos descuidados? Muchas seguramente, algunas como mínimo. ¿Cuántas te has parado a ver qué había al otro lado? Ninguna. Ahora pregúntante cuántas ciudades invisibles has dejado atrás. ¿Y por qué? Porque no se oía nada, y esa ausencia de sonidos te hizo seguir tus pasos porque allí no habría cosa alguna interesante. Así que, como entendarás, el truco para encontrar una ciudad invisible es usar los oídos en vez de los ojos. Olvidamos demasiado a menudo que, a veces, para ver algo, basta con escuchar atentamente...

martes, 2 de septiembre de 2014

Sin lugar a dudas...

¡Brillantes! Brillantes y llenas de color era como se describían las calles de Salnará. Nadie que la visitara usaría otras palabras ni mostraría otra cosa en su cara que no fuera una enorme sonrisa mientras las pronunciaba. En cada plaza de la ciudad podía uno participar en justas, bailes, juegos de cartas y de dados, festines; escuchar música y poesia, disfrutar del teatro... Miles de artistas pululaban por cada rincon de la ciudad con sus vistosos trajes, inundandolo todo de colores: alegres o tristes. No había ninguna persona de Salnará que no fuera feliz y se sintiera afortunada de haber nacido allí, y de entre aquellos que la visitaban ninguno deseaba marchar jamás, excepto tal vez Gerjo quién no veía el momento de salir de allí. Miraba siempre a las gentes siempre con una sonrisa en la cara, de atracción en atracción, ya fuera creándolas o participando en ellas, y no podía evitar preguntarse cómo era posible que ninguno de ellos quisiera algo más. Se había dado cuenta pronto, Salnará podía considerarse  un brillante y colorido cielo en la tierra, pero para un pensador como él, aquella ciudad era lo más parecido al infierno. Sin lugar a dudas.

jueves, 7 de agosto de 2014

Menos es Más...

-Te noto distraido, ¿te pasa algo? -preguntó el viejo Lerón a Julius, sentado en el alféizar de la ventana con los pies colgando hacia fuera y con la mirada perdida a lo lejos, en los pastos verdes y las montañas cubiertas de nubes grises.
-Esta mañana me he dado cuenta de que entiendo cada vez menos y al mismo tiempo, más.

martes, 5 de agosto de 2014

En la Profundidad (4)

¡Nada! Allí no había nada. La "caja negra" estaba vacía, no mostraba ningún dato anómalo. Lo que fuera aquella cosa, que parecía poder viajar por el espacio por sí misma y a la vez atravesar el cristal reforzado de la sala de navegación , no había dejado ninguna traza en los sensores. Y lo que casi era peor, tampoco estaban recogidos los problemas en los aparatos de navegación y cartografía. Lucius gruñó y resopló. Aquel iba a ser un mal día. Sólo esperaba que no fuese el primero de muchos.

La puerta se abrió con un siseo cuando las juntas descomprimieron y un poco de aire escapó. Lucius se detuvo en seco, fuera estaba Reeva, mirándolo con sus ojos verdes de pupilas doradas. La mujer sonrió y sus dientes afilados y de aspecto metálico se dejaron ver. Era una imagen nada tranquilizadora.
--No le pregunté antes, capitán, ¿por qué lleváis una Wilson en el bolsillo?
«¡Maldita sea! Lo sabía, sabía que se había dado cuenta...», pensó mientras torcía el gesto.
Lucius se apartó un poco y le indicó que pasara al interior de la sala de seguridad.
--Reeva, esto no puede salir de aquí --dijo en cuanto la puerta se cerró de nuevo --. Es muy importante.
La mujer galiana asintió e intentó poner serio el rostro de piel blanca perla.
--Esta noche he tenido una visión, creo --la voz sonó resignada.
--Natia lo sabría... --La preocupación fue auténtica.
--Eso mismo pensé yo. Lo cierto es que en el sueño --no quería volver a repetir la palabra visión --todo estaba mal y Úlcer estaba muerto. Cuando desperté fui rápidamente a la cabina de navegación y aún estaba vivo, pero algo intentó atacarnos y le disparé con la Wilson, fulminándolo.
--¿Algo? Qué podría atravesar la mampara sin destruirla.
--Eso me gustaría saber. Pero no acaba ahí. Durante unos minutos los controles de navegación estaban revueltos. No mostraban los mismos datos.
--¿Por eso habéis venido aquí?
Lucius asintió.
--Pero no hay nada. Ningún registro.
--No puede ser. Deberíais informar a Vera.
--¡No! Por el momento nadie más debe saberlo.
--Capitán...
--He dicho n-a-d-i-e. No pensaba que tuvieras la lengua más suelta que Úlcer.
--No, capitán, pero es que no estoy cómoda con las mentiras, ya lo sabéis.
--Reeva, no estás mitiendo, sólo no contando algo. No es lo mismo.
--Para los galianos es lo mismo.
--Y por eso es porque muchas veces no te cuentan las cosas. --La mujer mostró en la cara que ese comentario le había dolido --. Como sea, por el momento necesito poder investigar lo que sucede con calma. No quiero que cunda el pánico. ¿Serás capaz?
--Si es una orden del capitán no me queda más remedio --sus palabras fluyeron resignadas.
--Te lo agradezco. Salgamos de aquí.
Cuando estuvieron en el pasillo, Lucius miró a Reeva fijamente.
--Una cosa más. Pon un ojo en Úlcer.
La mujer asintió antes de alejarse hacia el otro extremo del pasillo.
Lucius meneó la cabeza negativamente, todo empezaba a complicarse más de la cuenta.