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lunes, 5 de diciembre de 2016
3 Palabras (2)
«"¡Qué te den!" Fueron sólo tres palabras, pero se grabaron a fuego en Alberto, en su corazón, en su mente y en su alma. Aún podía, tres años después, ver claramente cómo Mariola cogía precipitadamente su ropa, se vestía, tomaba su bolso y arrancaba por el pasillo a toda velocidad hasta llegar a la puerta, que cerró tras de sí con un portazo. En secreto lloraba cada vez que lo recordaba, y lo hacía a menudo. Se preguntaba qué habría sido de Mariola y se juraba que si algún día volvía a tenerla delante haría más que pronunciar un ambiguo "Lo siento". Habia tenido mucho tiempo para sufrir y pensar bajo aquellas hirientes tres palabras, bajo el yugo de aquel merecido: "¡Qué te den!"».
3 Palabras (1)
«Raúl estiró la chaqueta, intentando eliminar las arrugas que se le habían formado al ir sentado en el asiento del coche. Su mirada, perdida en el infinito, se cruzó con la de sus dos sobrinos: Violeta y Pedro, de siete y cinco años. Los dos observaban con los ojos muy abiertos las caras tristes de los adultos. No entendían las lágrimas que vertían algunos. Dejó de intentar quitar la arruga, no lo iba a conseguir, y se acercó a los dos niños. Se agachó y les dio un abrazo.
--¿El abuelo está malito? --preguntó con candidez Violeta sin soltarle la mano a su hermanito.
Raúl esbozó una sonrisa y levantándose le revolvió el pelo a la niña, mientras expelía un largo suspiro y pensaba: "La vida continua"».
--¿El abuelo está malito? --preguntó con candidez Violeta sin soltarle la mano a su hermanito.
Raúl esbozó una sonrisa y levantándose le revolvió el pelo a la niña, mientras expelía un largo suspiro y pensaba: "La vida continua"».
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Apatía...
Ejanus miró a través del cristal, con los ojos perdidos en el cielo azul que se hundía al final del mar verde a su izquierda, intentando escapar de la situación tensa e insostenible en la Sala del Pensamiento. Donde antes reinara la camadería y un silencio sano, ahora sólo se respiraba una tensión invisible y muda. En su interior, por más que intentaba empujar el sentimiento fuera, crecía una llamarada enfurecida. Los condes habían decidido dejar de contar con sus servicios, aquel era el pago a su rebeldía, a exigir y defender sus honor, y lo demostraban de una forma humillante, trayendo a dos foráneos. Así que se encontraba en una posición difícil, para nada cómoda. No le habían dicho que no contaban con él, pero tampoco que pudiera marcharse, así que abandonar la torre sería, indudablemente, entendido como un acto de traición, lo que en el mejor de los casos lo condenaría al destierro, y en el peor perdería la cabeza. Así que, lo mejor que podía hacer era buscar una forma de estar lejos de allí, al menos en el interior de su mente, por cuanto tiempo durase aquello. Y tenía que reconocer que percibía a cada segundo cómo su determinación y ánimo se agotaban. En algunos puntos le costaba respirar. No sabía si todavía debía participar en las conversaciones o guardar silencio. Lo peor es que tanto una cosa como la otra podría considerarse un mal paso. Se dijo a sí mismo que no debía dejar que pensamientos como aquellos anidaran en su cerebro, mucho menos cuando, como preveía, iba a encontrarse sólo ante el peligro en no demasiado tiempo. No pudo evitar si encontraría otro señor bajo el que ponerse en servicio, no abundaban los que buscaran alguien como él.
Las voces al fin cesaron en la Sala del Pensamiento, sustituidas por pasos evasivos que llevaban a sus integrantes al exterior. Ejanus se permitió un suspiro de alivio cuando se quedó por completo a solas. Apagó las velas con un gesto de sus dedos y las puertas se cerraron a su espalda. Otro día terminaba y su futuro se presentaba tan incómodo como incierto.
Las voces al fin cesaron en la Sala del Pensamiento, sustituidas por pasos evasivos que llevaban a sus integrantes al exterior. Ejanus se permitió un suspiro de alivio cuando se quedó por completo a solas. Apagó las velas con un gesto de sus dedos y las puertas se cerraron a su espalda. Otro día terminaba y su futuro se presentaba tan incómodo como incierto.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Mirándote a los ojos...
«Sólo hay una forma de hacer esto, y es mirándote a los ojos, viéndote respirar o contener el aire mientras dejo que mis palabras broten de mi garganta... Y es que sé que puedes convertirte en lo mejor que me ocurra en la vida... y lo peor. No quiero engañarte. Lo peor porque estando contigo no concibo no estarlo nunca más, lo peor porque tu ausencia hiere, lo peor porque no podría apartarte de mis pensamientos nunca jamás. Y eres lo mejor porque simplemente podrías ser lo peor...».
--¿Tú qué opinas de esta declaración de amor...?
--¿Tú qué opinas de esta declaración de amor...?
miércoles, 1 de enero de 2014
Ultimas...
Sonaban a lo lejos los últimos alientos de aquel día, un día como cualquier otro, un día tan único como irrepetible, un día 31 de un Diciembre que se agotaba. Había aplicado todos los remedios que el Doctor le indicara antes de marcharse, pero nada parecía surtir efecto para paliar el mal que le aquejaba. En esos instantes se enfrentaba él también a su final. Sabía que en cuanto la última campanada de media noche sonara su corazón se detendría, y lo único que podía curarle estaba a demasiados kilómetros de distancia, aunque la lejanía en realidad no era un problema geográfico, lo mismo hubiera dado que la medicina dulce, tibia y rosada, estuviera apenas a unos metros, apenas a unos palmos, apenas a unos centímetros; porque jamás llegaría a sus labios. Y posiblemente fuera mejor así, el fin de la agonía de su tiempo. Intentaba alejar de él aquel pensamiento gris, pero no podía, la nada se le antojaba mejor que otros 365 días diferentes pero todos iguales...
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martes, 17 de diciembre de 2013
Sueño Nuevo, Sueño Viejo
He soñado Babylonia como siempre he soñado. Y allí estabas tú. Tengo miedo porque entonces el ayer ha alcanzado al hoy. Me asusta la vieja historia sempiterna, me asusta que las palabras que no dije se conviertan en olvido y me asusta que las palabras pronunciadas se tornen en distancia. Y es hoy cuando no puedo dejar de preguntarme qué he de hacer. Quiero correr y alejarme de ti, quiero correr y acercarme a ti, quiero correr. Cierro los ojos con el deseo de volver a verte entresueños mientras mi corazón late lleno de miedo por lo que no siento, por lo que siento...
Y sí, Babylonia es una ciudad, una muy real, demasiado real, tan real que podrías viajar a ella si quisieras y supieras cual es...
Y sí, Babylonia es una ciudad, una muy real, demasiado real, tan real que podrías viajar a ella si quisieras y supieras cual es...
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Cicatriz
Varios dedos por debajo del pezón izquierdo y a un lado del esternón acarició, entre triste y alegre, embriagado por una melancolía lejana, una fina, recta y rosada hendidura en su piel. Una cicatriz que no hacía demasiado que aún pudiera llamarla herida. Podía recordar los movimientos serpenteantes del espadachín encapuchado con total detalle. Incluso llegaba a sentir el corte preciso en su piel. La punta del arma plateada y helada sobre su cuerpo cálido. Su vista se posó primero en la sangre que escapaba perezosa de su cuerpo, más a cad latido. Luego sus ojos viajaron sin cortarse por el filo hiriente, para detenerse en la empuñadura de hueso y oro, repleta de filigranas abigarradas. Después encotraban los dedos, pequeños, delgados y ágiles, envueltos en un guante de cuero fino y elegante, negro. La piel del antebrazo se mostraba al descubierto, nívea, hasta el codo, donde se enrollaba la manga de una camisa, de un suave lila, que se perdía antes del hombro bajo una capa de azul oscuro como la noche. Bajo la capucha adivinó unos cabellos oscuros, largos, rizados y sedosos; un rostro pálido y blanco, adornado por unos labios de sangre y unos ojos de zafiro. El rostro de la mujer espadachín desapareció entre las sombras un instante antes que toda ella, envuelta en el abrazo de la noche, madre de las estrellas. Recordó su vano intento de alcanzarla con la mano, de evitar que se marchara, y como su cuerpo flaqueó, doblando las rodillas antes de caer al suelo. Despertó helado, con una herida que ya no sangraba pero que le dejaría una buena cicatriz, una que le recordaría toda su vida que se dió cuenta demasiado tarde de que la amaba...
sábado, 10 de agosto de 2013
Esas palabras...
<<El problema es que a veces una palabra puede ser demasiado. Demasiado breve. Demasido larga. Demasiado tarde. Demasiado afilada. Demasiado para que unos oídos la escuchen, unos ojos la lean, una lengua la saboree o unos dedos la toquen. Y eso genera miedo a nuestra propia voz, a nuestros propios trazos. Un miedo atenazante y que llena de silencios. Querría simplemente mirarte y decirte que quiero conocer que más se esconde entre tus páginas, saber cual es el final de la historia que narras con cada latido, mirada y suspiro; porque sé que aún no he llegado a pasar de la primera línea de la primera página. Y es que si tuviera que condensarte en un sólo golpe de voz me viene únicamente a la cabeza: "enigmática".>>
<<¿Se puede saber qué haces hablándole al espejo?>>
<<¡Nada! ¡Simplemente, nada!>>
<<¿Se puede saber qué haces hablándole al espejo?>>
<<¡Nada! ¡Simplemente, nada!>>
martes, 9 de julio de 2013
Rosa
Tengo que reconocer que ha puesto empeño, tanto empeño que al final no tengo más remedio que inclinarme y admitir la razón que me negaba a darle. Mi error me ha llevado a pecar tantas veces de ingenuo, que casi me dan ganas de clavarme un cuchillo en el pecho por simple castigo de mi idiotez; pero eso fue antes, ahora ya no soy un idiota. Ahora ya sé que la fragancia de las rosas sólo se puede aspirar una o dos veces, luego la flor muere y el dulce aroma se torna en una clase de hedor podrido que lo impregna todo alrededor, haciendo insoportable visitar el jardín. Y una vez que ocurre sólo podemos arreglarlo con una concienzuda poda... Ya no olvidaré nunca más aspirar, cortar y tirar.
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jueves, 20 de junio de 2013
Palabras
Ahora pienso que fui un arrogante demasiado ingenuo, que lo he sido durante demasiado tiempo, y que es posible que aún lo sea, aunque tal vez menos que antes. Jamás usé un poema de los que ya se escribieron para decir: te quiero, preferí trazar yo los versos porque sentía el deseo de amarte con mis palabras. Jamás tomé un fragmento prestado para decir: te quiero, preferí buscar mis frases llenas de mis palabras. Pero lo que no entendía, lo que no alcanzaba a comprender, ni mi corazón, ni mi mente, ni mi alma, es que jamás usé mis propias palabras... Porque todas y cada una de las palabras que yo sé, las pronunciaron ya otros labios o las escribieron con tinta otras manos. ¡Qué arrogancia desesperada! ¡Qué ingenuidad tan joven!
No duermo pensando y sintiendo una manera de decirte, que te quiero y que te amo, una que jamás nadie haya usado antes.
Y la he encontrado, justo en ese momento en el que ni estás despierto ni aún has entrado en el sueño, ese momento entre el aquí y el allí, ese momento entre la realidad y el sueño. Por eso te pido que dejes caer tu oído sobre mi pecho y escuches, escuches cada latido, cada uno de ellos que son la voz de mi corazón; esucha porque sé que nunca jamás alguien dijo que te ama, que te quiere, con estas palabras; porque ellas no existían antes de ti.
No duermo pensando y sintiendo una manera de decirte, que te quiero y que te amo, una que jamás nadie haya usado antes.
Y la he encontrado, justo en ese momento en el que ni estás despierto ni aún has entrado en el sueño, ese momento entre el aquí y el allí, ese momento entre la realidad y el sueño. Por eso te pido que dejes caer tu oído sobre mi pecho y escuches, escuches cada latido, cada uno de ellos que son la voz de mi corazón; esucha porque sé que nunca jamás alguien dijo que te ama, que te quiere, con estas palabras; porque ellas no existían antes de ti.
lunes, 17 de junio de 2013
Spiegel
La última vez que nos vimos fue esta mañana, y parece que haya pasado una eternidad entre entonces y ahora. Una eternidad cargada de vidas que pesan demasiado, de vidas que hace mucho desaparecieron y de vidas que aún no han nacido. Tengo que confesarte que no me reconozco. Estoy olvidado, olvidado por todos y olvidado por mi mismo. No sabría decir quién fui, ni quien seré. Creo que sólo me consuela el saber que tú siempre recordarás todo sobre mi, porque mi yo se conserva al otro lado. Si consiguiera que me contestaras a la pregunta, si consiguiera que me dejaras ir allí, si consiguiera tantas cosas todo sería diferente. Volveremos a vernos, lo sabes, cuando vuelva a pasar un tiempo demasiado largo para contarlo y demasiado corto para un parpadeo, pero será mañana.
lunes, 10 de junio de 2013
"Confesiones"
Confesiones, confesiones a media noche ante el espejo fijo donde puedo ver tu imagen, ante aquella foto de aquella noche, tú sabes bien cual. Me verías tomar aire, mover las manos nerviosas y restregarlas contra el pantalón para secar el sudor en las palmas; luego te miraría al mismo tiempo que mis pulmones dejarían escapar un suspiro, y entonces volvería a respirar para permitir que unas pocas palabras escaparan. ¿Y qué es lo que oirías? Una mentira tan contradictoria que es una verdad pura, y es que temo que creas que me he enamorado de ti, tanto como temo que pienses que no lo he hecho... Me quita el sueño saber que nunca leerás con tus ojos estas palabras salir de mis labios, pues la distancia que nos separa es tan inmensa como un segundo vestido de eternidad.
miércoles, 5 de junio de 2013
La Maldición...
Supongo que tu destino era convertirte también en un montón de cenizas besado por el viento en mi memoria. Hubo un tiempo que, este olvido forzado y la lejanía de los actos que una vez fueron tan cercanos como para acariciar mi alma, dejaban en mi un sabor amargo; pero ya no es así. Sólo, tal vez, puedas ver en el interior de mi mirada un atisbo de la espina que la falta de tus palabras clava en mi corazón. Y sé que es de ahí de dónde surgen las lágrimas secas que nunca lloré. Hoy eres tú, mañana, no lo sé y del ayer apenas recuerdo más que vagos borrones que una vez quisieron ser. Con el paso de los años, de los decenios e incluso de las centurias, he comprendido que lo que una vez imaginé un don, una recompensa, resultó ser el más terrible de los castigos. Una maldición que me perseguirá hasta que el tiempo se detenga y por fin la nada lo abarque todo.
martes, 28 de mayo de 2013
DeHistorias (1)
[...]
En un día como hoy, no puedo evitar preguntarme si nuestras voces volverán a intercambiar palabras; porque ahora sólo alcanzo a escuchar silencios. Tengo que reconocer que me sorprendiste con enormidad, tres veces. La mayor de ellas, la última, que fue como si se sumaran las dos primeras y luego se multiplicaran por menos diez; más de lo necesario para engullir en el vacío las anteriores y lanzarlas a un recuerdo muerto de olvido. En realidad, si lo pienso, no logro entender y lo único que consigo es embriagarme de pena, de un manto pesado que me impide llegar allí.
En la noche me asalta la hiriente cuestión de cuanto erré al entender, y me pregunto si, pronunciar más palabras enderezarán este rumbo errado que sólo lleva a un lugar repleto de borradas memorias muertas.
[...]
En un día como hoy, no puedo evitar preguntarme si nuestras voces volverán a intercambiar palabras; porque ahora sólo alcanzo a escuchar silencios. Tengo que reconocer que me sorprendiste con enormidad, tres veces. La mayor de ellas, la última, que fue como si se sumaran las dos primeras y luego se multiplicaran por menos diez; más de lo necesario para engullir en el vacío las anteriores y lanzarlas a un recuerdo muerto de olvido. En realidad, si lo pienso, no logro entender y lo único que consigo es embriagarme de pena, de un manto pesado que me impide llegar allí.
En la noche me asalta la hiriente cuestión de cuanto erré al entender, y me pregunto si, pronunciar más palabras enderezarán este rumbo errado que sólo lleva a un lugar repleto de borradas memorias muertas.
[...]
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martes, 21 de mayo de 2013
Elemental
Que hubiera pasado tanto tiempo hasta descubrir el porqué le resultaba casi inconcebible y, en esos momentos, no sabía si sonreir y sacudirse de encima aquella pesada capa arrastrada durante décadas, o si sentía como una daga que se clavaba aún más profundamente en su corazón.
La voz de su antiguo maestro revelándole el secreto horas antes de morir aún retumbaba en su cabeza: "La afinidad de los elementales hacia un elemento no les proporciona una protección contra el mismo, ni les ayuda a controlarlo mejor. Al contrario. Les profiere una increíble desventaja ya que atraen a su elemento de forma irremediable. ¡Qué estúpidos hemos sido para tardar tanto tiempo en darnos cuenta!". Aún días después podía ver los labios del anciano moviéndose hasta que los labios se detuvieron y los párpados cayeron como el velo de la noche. <<Así que por eso se quemaba siempre con todo. Ese era su destino, abrasarse con el más nimio fuego. Al menos ahora lo entendía, pero ¿acaso es un consuelo?>> Los pensamientos habían cruzado rápido su mente y todavía se repetían a cada momento. Dudaba que fuera un consuelo, un alivio para todas las pesadas cargas que había tenido que soportas, un bálsamo que suavizara los tragos ardientes y amargos; lo dudaba tanto que estaba convencido de que no sería así.
Restregó los dedos contra las manos, masajeándolas. Había visto tantos fuegos nacer bruscamente y convertirse en increíbles hogueras para luego verlos reducirse a cenizas con más velocidad, que casi estaba convencido de tener que estar acostumbrado; pero no era así, no lo era en absoluto: las llamas seguían quemándole como la primera vez. Una lágrima recorrió su rostro, primero por la mejilla, despacio, ganando velocidad y luego por el surco de la barbilla hasta el mentón; justo antes de precipitarse al vacío. Odiaba los fuegos, los odiaba con toda la fuerza de su ser y los odiaba con su alma completa. Tras ellos sólo quedaban cenizas y de ellas nada podía recuperarse. Miró atrás aunque sabía que no debía hacerlo porque allí no quedaba más que un polvo fino y gris, de tacto grasiento, y sabor ácido y amargo. Lo más parecido que podía verse en la tierra a la nada verdadera, al vacío de las estrellas, al vacío helado de la muerte.
La voz de su antiguo maestro revelándole el secreto horas antes de morir aún retumbaba en su cabeza: "La afinidad de los elementales hacia un elemento no les proporciona una protección contra el mismo, ni les ayuda a controlarlo mejor. Al contrario. Les profiere una increíble desventaja ya que atraen a su elemento de forma irremediable. ¡Qué estúpidos hemos sido para tardar tanto tiempo en darnos cuenta!". Aún días después podía ver los labios del anciano moviéndose hasta que los labios se detuvieron y los párpados cayeron como el velo de la noche. <<Así que por eso se quemaba siempre con todo. Ese era su destino, abrasarse con el más nimio fuego. Al menos ahora lo entendía, pero ¿acaso es un consuelo?>> Los pensamientos habían cruzado rápido su mente y todavía se repetían a cada momento. Dudaba que fuera un consuelo, un alivio para todas las pesadas cargas que había tenido que soportas, un bálsamo que suavizara los tragos ardientes y amargos; lo dudaba tanto que estaba convencido de que no sería así.
Restregó los dedos contra las manos, masajeándolas. Había visto tantos fuegos nacer bruscamente y convertirse en increíbles hogueras para luego verlos reducirse a cenizas con más velocidad, que casi estaba convencido de tener que estar acostumbrado; pero no era así, no lo era en absoluto: las llamas seguían quemándole como la primera vez. Una lágrima recorrió su rostro, primero por la mejilla, despacio, ganando velocidad y luego por el surco de la barbilla hasta el mentón; justo antes de precipitarse al vacío. Odiaba los fuegos, los odiaba con toda la fuerza de su ser y los odiaba con su alma completa. Tras ellos sólo quedaban cenizas y de ellas nada podía recuperarse. Miró atrás aunque sabía que no debía hacerlo porque allí no quedaba más que un polvo fino y gris, de tacto grasiento, y sabor ácido y amargo. Lo más parecido que podía verse en la tierra a la nada verdadera, al vacío de las estrellas, al vacío helado de la muerte.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Marea...
Y te das cuenta de como los barcos, perdidos en la inmensa marea de la tormenta del tiempo, se van perdiendo uno a uno entre las olas; empujados hacia destinos distintos y lejanos. Tal vez, te permites pensar, nuestros rumbos vuelvan a coincidir algún día cuando la mar se presente más llana y calma, tal vez vengan en mi busca; pero en realidad sabes que esos "tal vez" no son más que una esperanza vana que se aferra a un pasado que no volverá. Puedes perder el nuevo orizonte al frente, mirando hacia atrás para ver como las velas desaparecen más allá del borde esférico del oceano; o apretar los dientes, derramar lágrimas o contenerlas, y mirar hacia delante mientras el aullido del viento va difuminando el pasado poco a poco.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Desierto
Ahí, tras tus ojos, es evidente que no queda nada para mi. Sólo la incertidumbre tachonada sobre el alma, porque no vi fue la tormenta de arena que se llevó el oasis dejando más desierto. Supongo que todo fue producto de un espejismo burlón y cruel, de demasiado sol, o el efecto de la sed más seca y delirante. Los pies arrastran dejando un surco borrado por el viento que anuncia la llegada del olvido, algún día.
lunes, 6 de mayo de 2013
El Retorno del príncipe...
[...]
-¿Qué hacéis asomado a la ventana? Podéis caeros.
-¡Ha vuelto! Relón, mi hermano ha vuelto.
-¡Quieto, no déis un paso más!
-¿Qué sucede? ¿Por qué estáis tan serio?
-Por favor, joven príncipe, sentáos un momento y escuchad con atención.
-Pero mi hermano...
-Serán sólo unos segundos y aún quedan varios kilómetros para que atraviese los muros. Y desde luego, vuestro padre no os dejará salir en su busca.
-Está bien.
-Lo que os voy a decir puede que no lo entendáis ahora mismo, pero es importante que lo intentéis al menos. Hay veces que las personas se marchan para no volver, pero jamás se llegan a ir, en cambio, otras veces ocurre lo contrario, que se van, pero no es hasta su regreso que se marchan.
-¿Qué queréis decir con tantas palabras?
-Una lección que a mi me costó demasiado aprender.
[...]
Dedicated to...
martes, 9 de abril de 2013
Las Siete y Media
Estaba de espaldas, sentado en el sofá, con las piernas colgando de uno de los reposabrazos. La habitación estaba en penumbra, sólo una pizca de luz se atrevía a luchar contra las sombras, colándose a través de las rendijas en persianas y cortinas. Eran las siete y media de la mañana de un mes lluvioso de marzo.
Me acerqué casi sin hacer ruido y acaricié su hombro al tiempo que preguntaba con voz silenciosa.
-¿Por qué lloras?
Su cabeza, de castaño dorado, se giró, dejandome ver su cara con unos ojos verdes manzana anegados por las lágrimas. La abracé y sentí el calor tibio de su cuerpo a través de la camisa celeste que llevaba.
-Porqué hay momentos felices de los que sólo puedes sacar conclusiones tristes.
Me acerqué casi sin hacer ruido y acaricié su hombro al tiempo que preguntaba con voz silenciosa.
-¿Por qué lloras?
Su cabeza, de castaño dorado, se giró, dejandome ver su cara con unos ojos verdes manzana anegados por las lágrimas. La abracé y sentí el calor tibio de su cuerpo a través de la camisa celeste que llevaba.
-Porqué hay momentos felices de los que sólo puedes sacar conclusiones tristes.
viernes, 5 de abril de 2013
Reforja
Los fuelles respiraban pesádamente el aire de brasas que los rodeaba. De vez en cuando siseaban como si les fallara la fuerza y emitían un débil pitido. Las sombras fantasmales se proyectaban contra las paredes con un aura rojiza, y los rincones se volvían más oscuros, cuando el carbón encendido vibraba con una vida ígnea al recibir el aire ardiente. El metal brillaba con un relámpago de fuego en sus entrañas mientras recibía los truenos de acero guiados por aquel hombre de aspecto hosco y cansado, con unos fuertes brazos y un ancho tórax, protegidos por un pesado y grueso peto de piel ceniza. El sudor se deslizaba libre por la piel enrojecida, sólo para precipitarse contra un suelo que nunca llegaba a alcanzar al fundirse con el aire en un abrazo vaporoso.
-¡Es imposible!-Bramó el hombre mientras volcaba sobre su tronco desnudo un cubo de agua para refrescarse.-Esa espada no volverá a cantar en un campo de batalla.
Al otro lado de donde estaba se movió una figura cuyo cabello tenía ya más de monte nevado que de oscura noche. Dejó escapar todo el aire despacio antes de abrir la boca.
-Arreglar lo que se ha roto no siempre está en nosotros, por mucha voluntad que le pongamos.
-Me cuesta aceptarlo.
-No puedes reparar la voluntad quebrada de otra cosa u otra persona; sólo puedes apartarte y aguardar.
Nota: Metafóricamente hablando.
-¡Es imposible!-Bramó el hombre mientras volcaba sobre su tronco desnudo un cubo de agua para refrescarse.-Esa espada no volverá a cantar en un campo de batalla.
Al otro lado de donde estaba se movió una figura cuyo cabello tenía ya más de monte nevado que de oscura noche. Dejó escapar todo el aire despacio antes de abrir la boca.
-Arreglar lo que se ha roto no siempre está en nosotros, por mucha voluntad que le pongamos.
-Me cuesta aceptarlo.
-No puedes reparar la voluntad quebrada de otra cosa u otra persona; sólo puedes apartarte y aguardar.
Nota: Metafóricamente hablando.
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