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jueves, 20 de noviembre de 2014

En la Profundidad (5)

Lucios cruzó los brazos y apoyó la espalda en el marco de la puerta automática, abierta, impidiendo que se cerrara. Desde allí controlaba todo el comedor. Aunque le había encargado a la mujer galiana que vigilara a Úlcer sabía que no sería suficiente. Además, dudaba que fuera capaz. Si querías que alguien no se enterara de algo nunca debías decírselo a tu piloto, todos los pilotos eran chismosos por naturaleza, por lo menos, en el tiempo, en realidad toda su vida, que llevaba en naves espaciales así había sido; y desde luego, tampoco a un galiano. Aquella raza no sabía ocultar nada. Sólo esperaba que Reeva se le hubiera pegado algo del resto de la tripulación.

El comedor no tardó en llenarse. La mayoría de las funciones de la nave estaban en modo automático, así que casi todos estaban allí. Un grupo de tres se aproximaba por el pasillo. Al llegar a la altura del capitán lo saludaron con un gesto de cabeza.
─¿Vera, tienes un momento?
─Claro, capitán. ─La mujer se detuvo, separándose de su grupo.
─Ven conmigo.
─¿Qué sucede? ─Sonó genuinamente preocupada.
─Aquí no.
A Vera no le pasó desapercibido el nerviosismo del capitán, pero se abstuvo de preguntar de nuevo.
─Vamos hacia vuestro camarote ─sonrió ─, ¿no está prohibido congeniar con otros tripulantes? ─Echó un vistazo a la cara de Lucius y eso le indicó que no era buen momento para bromas. Comenzó a contagiarse de la preocupación del otro, por lo general el capitán mantenía siempre el buen humor.
Sólo cuando el siseo de los sellos al cerrarse la puerta cesó, Lucius comenzó a hablar.
─Tenemos un problema muy serio, Vera.
La mujer se sentó a los pies de la cama del capitán.
─Debe serlo, a juzgar por cómo estáis.
─Esta mañana algo ha intentado atacarnos.
─¿Algo?
─No sé qué era, una especie de criatura. Atravesó la mampara de la sala de pilotos.
─Cómo, no ha habido alerta de descompresión. ¿Han fallado los sistemas de seguridad?
─No, no hubo fractura de los cristales.
─Entonces, ¿cómo la atravesó?
─Como un fantasma. Le disparé con la Wilsom y eso pareció acabar con ello, sin dejar rastro.
─No habréis estado fumando con Úlcer, ¿verdad?
─¡No! Es algo muy serio, porque no sólo ha ocurrido eso. Los sistemas de navegación estaban completamente erróneos y, sin saber cómo han vuelto a la normalidad. Y en la caja negra no había nada. Todo está normal.
─¿Estáis seguro?
Lucius clavó los ojos, medio furiosos, en Vera.
─Algo está pasando y no sé qué es.
─Hay algo más, ¿no?
El capitán desvió la mirada, se sentó y se sirvió un buen vaso de whisky (o algo que se le parecía). Tomó un buen trago antes de volver a hablar.
─Tuve una visión. Soñé con el ataque. O más bien, con el resultado del mismo. Llegaba a la sala de pilotos, Úlcer estaba muerto, los instrumentos estaban locos y todo se oía demasiado silencioso.
─¿Qué queréis que haga? ─La voz indicaba que ya sí estaba tomándolo en serio.
─Que escojas a cinco de tus hombres de más confianza y estén con los ojos bien abiertos. No quiero sorpresas desagradables... Bueno, no quiero que nos pillen con la guardia baja, porque sorpresas vamos a tener las queramos o no.
─Así lo haré.
─Otra cosa más. Ten un ojo en Úlcer y en Reeva. Ellos lo saben.
─Entonces no sé a qué viene tanto secretismo, cuando volvamos al comedor todo el mundo lo sabrá.
─Esperaba que ya todos lo supierais. Que Úlce no haya abierto la boca aún casi que es lo que me preocupa más. De alguna manera debe saber que ocurre algo grave. Y Reeva, mientras nadie le pregunte directamente estaremos bien.
─Como ordenéis, y creo que deberiais afeitaros y daros una ducha, tenéis mal aspecto.
Apuró la bebida y asintió.
Cuando Lucius se quedó a solas tomó en serio el consejo y se metió en el pequeño plato de ducha de su camarote. Dejó que el agua tibia relajara un poco su musculatura tensa. «Si tan sólo Natia estuviera allí...».

martes, 5 de agosto de 2014

En la Profundidad (4)

¡Nada! Allí no había nada. La "caja negra" estaba vacía, no mostraba ningún dato anómalo. Lo que fuera aquella cosa, que parecía poder viajar por el espacio por sí misma y a la vez atravesar el cristal reforzado de la sala de navegación , no había dejado ninguna traza en los sensores. Y lo que casi era peor, tampoco estaban recogidos los problemas en los aparatos de navegación y cartografía. Lucius gruñó y resopló. Aquel iba a ser un mal día. Sólo esperaba que no fuese el primero de muchos.

La puerta se abrió con un siseo cuando las juntas descomprimieron y un poco de aire escapó. Lucius se detuvo en seco, fuera estaba Reeva, mirándolo con sus ojos verdes de pupilas doradas. La mujer sonrió y sus dientes afilados y de aspecto metálico se dejaron ver. Era una imagen nada tranquilizadora.
--No le pregunté antes, capitán, ¿por qué lleváis una Wilson en el bolsillo?
«¡Maldita sea! Lo sabía, sabía que se había dado cuenta...», pensó mientras torcía el gesto.
Lucius se apartó un poco y le indicó que pasara al interior de la sala de seguridad.
--Reeva, esto no puede salir de aquí --dijo en cuanto la puerta se cerró de nuevo --. Es muy importante.
La mujer galiana asintió e intentó poner serio el rostro de piel blanca perla.
--Esta noche he tenido una visión, creo --la voz sonó resignada.
--Natia lo sabría... --La preocupación fue auténtica.
--Eso mismo pensé yo. Lo cierto es que en el sueño --no quería volver a repetir la palabra visión --todo estaba mal y Úlcer estaba muerto. Cuando desperté fui rápidamente a la cabina de navegación y aún estaba vivo, pero algo intentó atacarnos y le disparé con la Wilson, fulminándolo.
--¿Algo? Qué podría atravesar la mampara sin destruirla.
--Eso me gustaría saber. Pero no acaba ahí. Durante unos minutos los controles de navegación estaban revueltos. No mostraban los mismos datos.
--¿Por eso habéis venido aquí?
Lucius asintió.
--Pero no hay nada. Ningún registro.
--No puede ser. Deberíais informar a Vera.
--¡No! Por el momento nadie más debe saberlo.
--Capitán...
--He dicho n-a-d-i-e. No pensaba que tuvieras la lengua más suelta que Úlcer.
--No, capitán, pero es que no estoy cómoda con las mentiras, ya lo sabéis.
--Reeva, no estás mitiendo, sólo no contando algo. No es lo mismo.
--Para los galianos es lo mismo.
--Y por eso es porque muchas veces no te cuentan las cosas. --La mujer mostró en la cara que ese comentario le había dolido --. Como sea, por el momento necesito poder investigar lo que sucede con calma. No quiero que cunda el pánico. ¿Serás capaz?
--Si es una orden del capitán no me queda más remedio --sus palabras fluyeron resignadas.
--Te lo agradezco. Salgamos de aquí.
Cuando estuvieron en el pasillo, Lucius miró a Reeva fijamente.
--Una cosa más. Pon un ojo en Úlcer.
La mujer asintió antes de alejarse hacia el otro extremo del pasillo.
Lucius meneó la cabeza negativamente, todo empezaba a complicarse más de la cuenta.

lunes, 28 de julio de 2014

En la profundidad (3)

Lucius tenía aún la Wilson en su mano mientras veía a Úlcer trabajar en los monitores. Ninguno de los dos había dicho algo aún. Al fin, el piloto dejó su frenético trabajo y se acomodó en el asiento en un intento de parecer más relajado.
--Los instrumentos ya están bien --suspiró --,o al menos lo parece.
--Bien. Quiero saber dónde estamos.
--Sí. --Su voz tembló.
--Por el momento ninguna palabra, Úlcer.
--Desde luego --contestó rápidamente.
Lucius lo miró con el gesto serio.
--Lo digo en serio. Eres el mayor bocazas que conozco, y eso en ocasiones está bien, pero no ahora. ¿Me entiendes?
--Sí Lucius, "tranqui".
--Si oigo alguna palabra al respecto no dudaderé en usar esto. --Movió la Wilson para que se viera.
Por unos instantes Úlcer lo tomó a broma, hasta que sus ojos se cruzaron con los de Lucius.
--Averigua dónde estamos. Algo me dice que no es en el sitio que deberíamos.
--En seguida.
Lucius salió de la cabina y dejó solo al piloto. Tenía muchas cosas en la cabeza. No sabía qué le preocupaba más, si lo que acababa de pasar o el sueño. Había tenido una maldita visión y eso no era bueno. Había oído de los que tenían visiones, y siempre acababan mal. De una forma u otra. Agitó la cabeza e intentó aclararse. Si estaban perdidos, como intuía, tendría que dar explicaciones a la tripulación, pero qué podía decirles. Gruñó. Si al menos Natia no los hubiera dejado en Resa-5 tendría a quién consultar. Y desde luego, intentar contactar con ella quedaba descartado. Al menos por el momento. No podía arriesgarse a que los descubrieran. Esperaba que no se encontraran en una situación tan desesperada que requiriera tener que hacer uso de las comunicaciones a larga distancia, porque entonces tendrían un problema.

Ensimismado en sus pensamientos, Lucius no vio a Reeva que avanzaba en sentido contrario por el pasillo ni escuchó el saludo. La mujer se paró delante de él, bloqueándole el paso.
--He dicho "Hola", capitán --sonrió, mostrando los dientes afilados y de brillo metálico.
--Hola. No te había visto.
--¿Os encontráis bien? Se os ve preocupado.
--Sí, no he descansado todo lo que quisiera --mintió.
--Entiendo. Voy al comedor, allí están ya Ruth y Lomar. Si queréis acompañarnos.
--No tengo hambre ahora mismo, gracias. No os demoréis demasiado, todos tenemos trabajo que hacer.
--No capitán, tomaremos algo rápido y acudiremos a nuestros puestos.
--Bien.
Siguió avanzando pero sintió la mirada de la mujer galiana sobre su espalda hasta que alcanzó la esquina al otro lado del pasillo. No podía evitar preguntarse si habría notado la mentira en sus palabras. Era un buen mentiroso, pero los galianos por lo general tenían cierta habilidad para "ver la verdad", y por eso entre otras cosas la llevaba a bordo. Apretó los puños y entró en la sala de seguridad en cuanto la puerta se abrió justo después de que la nave terminara de escanearlo y comprobar que efectivamente era él.

miércoles, 23 de julio de 2014

En la profundidad (2)

  Vera no aparecía. ¿Cuánto había pasado ya? ¿Veinte minutos? No podía tardar tanto, y cómo es que aún nadie había subido hasta la sala de navegación. Habría sido lo primero a comprobar, después la de máquinas. La pregunta de si sería el único superviviente intentó formarse en su cabeza pero la evitó levantándose con ímpetu de la silla. Dedicó una pequeña mirada al cadáver y se deslizó por la barandilla, bajando sin llegar a tocar ni uno solo de los quince pequeños y metálicos peldaños. Cuando sus pies tocaron el suelo de rejilla metálica sus ojos se abrieron y se encontró en el camarote. Desorientado se levantó.

  La cabeza le martilleaba por todos lados y el estómago lo notaba revuelto. Corrió hasta la sala de navegación y subió las escaleras. Allí estaba Úlcer maldiciendo y reajustando los parámetros que aparecían en la pantalla. Lucius saludó al piloto, que ni lo había visto entrar, y se sentó en el otro asiento mientras llevaba la mano bajo el asiento. Se fijó en que el mamparo que protegía el cristal de observación estaba bajado en esos momentos, al contrario de como estaba en la "visión".
--¿Qué sucede?
--Eso me gustaría saber. Todo se ha vuelto loco. ¿Ves esto? Pues no debería estar así, para nada. Marca unas coordenadas equivocadas. En cambio, aquí, en el Plano de Navegación está correcto. No sé cómo pueden mostrar algo diferente, y lo que es peor, no sé a cuál debo hacerle caso.
  Se fijó en la hora en la pantalla, era algo que en la visión también había visto bien, quedaba menos de dos minutos-T para que él apareciera.
--Abre la mampara.
--¿Para qué?
--Tú ábrela.
  Cuando el cristal quedó expuesto la negrura del espacio salpicada por lejanos puntos de luz apareció ante sus ojos. Lucius fijó su vista en la oscuridad. Úlcer lo imitó, creyendo que estaría intentando reconocer algún grupo de estrellas.
  Lucius sacó la Wilson con un movimiento relámpago y disparó hacia el cristal. Una especie de grito se oyó inmediatamente después del chasquido del arma al ser disparada.
--¿Qué ha sido eso? --Úlcer temblaba.
--No tengo ni idea, pero algo malo...

viernes, 27 de junio de 2014

En la profundidad (1)

Un giro brusco, tan brusco como para que los motores de inercia fueran incapaces de compensarlo y tan brusco como para que Lucius se despertara con él; pero no fue eso lo que lo preocupó, no, sino la ausencia del zumbido que indicase que los motores continuaban en marcha. Eso sí le hizo levantarse de inmediato y saltar de su camastro al suelo. Sin pararse a ponerse las botas salió al estrecho, y siempre lleno de grasa, pasillo y corrió hasta llegar hasta la cabina de navegación -Iba a tener unas palabras de lo más serias con Úlcer. Empezaba a estar muy harto de sus bromas-. Al principio no notó nada fuera de lugar que no hubiera notado al despertar. Úlcer, el piloto, estaba cómodamente echado en el sillón, como si se estuviese dormido, pero no lo estaba, eso pudo comprobarlo Lucius en cuanto sobrepasó el respaldo. Algo había matado a Úlcer sin dejar una sola marca y detenido la nave. Miró en derredor buscando alguna pista del atacante, por lo que él sabía aún podía estar ahí, luego echó un ojo a los mandos y las pantallas de navegación, todo parecía estar en verde, o sea, funcionando como debía, así que ¿por qué el zumbido ya no estaba? Y, ¿por qué no había saltado ni una maldita alarma? Se acercó al panel de comunicaciones y abrió el canal interno. El micrófono sobre su cabeza, oculto en alguna parte tras los paneles del techo, chasqueó y soltó un poco de estática antes de quedar en silencio. Separó el dedo del botón. El protocolo de emergencias para algo como eso decía claramente que el capitán debía reunirs a toda la tripulación para pasar revista, pero ¿y si era eso precísamente lo que el atacante quería? Una vez que todos estuvieran en el mismo sitio podrían eliminarlos con facilidad. Volvió a poner su mano en los controles de comunicación, pero ahora abrió un canal interno y privado.
--Vera. Reúnete conmigo en la sala de navegación, de inmediato.
No esperó respuesta. Se dejó caer en el sillón del segundo piloto y buscó algo bajo el mismo. Sus dedos se cerraron sobre una empuñadura rugosa y de tacto metálico. Se sintió más tranquilo en cuanto tuvo entre sus manos la pequeña Wilson: no era el arma más mortífera del Universo pero bien podía abrirle un agujero como un puño a un hombre adulto; y sin dañar el casco.