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lunes, 24 de junio de 2013

Real, como la vida misma.

P1-Ey, ¿qué tal? ¿Qué os parece si este viernes vamos a esa cafetería nueva del centro, "Ratones Coloraos"?
P2-Está un poco lejos, ¿no?
P3-¿Para qué?
P1-No sé, desde que la vi tengo ganas de ir, tiene pinta de tener un ambiente divertido.
P2-¡Ah! No sé.
P3-Buff...
P1-Pues nada...

[...]

P1-Oye, ya que la otra vez no fuimos a los "Ratones Coloraos", el viernes pasado, ¿qué os parece si vamos hoy?
P3-¿Pero para qué?
P2-Es que me parece una cafetería un poco tonta.
P1-Ok, no he dicho nada...

[...]

(Varios meses más tarde...)

P3-Oye, tengo ganas de ir a los Ratones Coloraos, me apetece.
P2-Pues sí, estuve el otro día y se está muy agradable, tendríamos que haber ido antes.

P1<<Os estáis quedando conmigo, ¿verdad?>>

Nota para entender los diálogos:
P1, P2 y P3 representan siempre la misma persona en las diferentes conversaciones, se añaden para que pueda seguirse la evolución clara y fácil.

"-" Indica diálogo.
"<< >>" Indica pensamiento.
[...] El paso del tiempo indeterminado.

viernes, 7 de junio de 2013

Despertar

[...]

Palpitaba bajo la piel, lo notaba con cada latido. Miró su propio brazo lleno de terror mientras clavaba las uñas en la carne, buscando con desespero aquello que venía reptando bajo la cutánea superficie desde la propia médula del hueso. La piel se agrietó en llagas de carmesí y zafiro, dejando salir por cada una de ellas lo que nacía desde el interior. Su respiración cesó y la vista se volvió negra. Cuando los postigos sobre sus ojos se abrieron pesados, pudo ver una masa de color rojo tirada sobre el suelo repleto de hojarasca dorada. Ya no era más lo que una vez fue, ahora era algo nuevo, era lo que siempre había sido. Sabía que le había alcanzado el despertar.

[...]

martes, 28 de mayo de 2013

DeHistorias (1)

[...]
En un día como hoy, no puedo evitar preguntarme si nuestras voces volverán a intercambiar palabras; porque ahora sólo alcanzo a escuchar silencios. Tengo que reconocer que me sorprendiste con enormidad, tres veces. La mayor de ellas, la última, que fue como si se sumaran las dos primeras y luego se multiplicaran por menos diez; más de lo necesario para engullir en el vacío las anteriores y lanzarlas a un recuerdo muerto de olvido. En realidad, si lo pienso, no logro entender y lo único que consigo es embriagarme de pena, de un manto pesado que me impide llegar allí.

En la noche me asalta la hiriente cuestión de cuanto erré al entender, y me pregunto si, pronunciar más palabras enderezarán este rumbo errado que sólo lleva a  un lugar repleto de borradas memorias muertas. 


[...]

miércoles, 3 de abril de 2013

¿Recuerdas...?

El otro día, después de hablar contigo y de pensar en todo lo que ha pasado en las últimas semanas, no pude evitar la sensación de que "todo esto ya lo había vivido antes". Mi mente buscó las similitudes demasiado cerca en el tiempo, por lo que las descarté, aunque la certeza imprecisa y que no era capaz de ubicar, estaba ahí, jugando al escondite.

No fue hasta la semana pasada que las piezas del puzzle encajaron. Desde luego que todo esto ya lo había vivido y, viéndolo con cierta perspectiva, las similitudes diría que dan miedo. Sí, cambia el escenario y cambian los actores (aunque algunos repiten) pero la obra sigue siendo la misma.


Recuerdo con claridad que llovía aquel día, incluso alcanzo a atisbar entre los rincones de mi memoria algunos colores de las paredes, de las luces, de los marcos de las puertas. Era el año 99 y estábamos a una semana de Semana Santa, eso también lo tengo claro. El lugar, un hotel de Salamanca.

La puerta de la habitación estaba abierta y charlaba con un amigo sobre como estaba siendo el viaje, sobre cómo lo estábamos pasando, y sobre otras muchas cosas, entre ellas, chicas; en muchos casos, con nombre y apellidos. Recuerdo claramente las palabras que pronuncié en algún momento y que parecieron arrojar una especie de maldición, un hechizo catastrófico; capaz de destruir. Al día siguiente todo había cambiado. Lo que debía de haber estado ahí a la mañana siguiente, había desparecido. Sólo quedaban cajas destempladas, ojos que miraban sin ver, y un silencio tan profundo que podías asomarte y caerte para perderte en él. Después de eso, sólo quedó el paso del tiempo que, como un pintor paciente y preciso, iría dando capas color olvido hasta que sólo hubo nada.


Y ahora recuerdo un día mucho más cercano, por las fiestas de Navidad, no podría precisar si 2012 o 2013, en el que hablaba tranquilamente con un amigo por el Skype y como aquella vez del 99, aparecieron las palabras "mágicas" que habrían de ser catastróficas. Y de nuevo se invocó el silencio y el olvido.Esta vez intenté resistir un poco más el poder de mi propia voz, pero ha sido un vano gesto por mantener una ilusió ya hecha pedazos, pedazos tan pequeños que sólo quedaba un montón de polvo dispersado por el viento.


miércoles, 30 de enero de 2013

miércoles, 23 de enero de 2013

Otro Corto...

Creía que habías muerto, lo creía de verdad, y ya veo que no fue así. Tendría que sentirme alegre o eso supongo, pero no, porque cada vez que apareces en mi vida y me invitas a pensar diferente, a albergar esperanza de que existe otro camino, que otro resultado es posible; todo vuelve a ser exactamente lo mismo. Debo ser yo la causa y no tú, pero siempre me olvido de eso hasta que apareces y entonces todo se convierte en un terrible error que se lleva la felicidad.

Te dejo susurrarme al oído, cegarme aún cuando ya he atisbado demasiadas veces el futuro como para no saber lo que viene a continuación y vuelvo a caer en esa sensación vertiginosa de vacío, de rabia, de impotencia, de desconcierto porque sabes lo que sucede pero no eres capaz de alcanzarlo, o no quieres hacerlo.

Y ahí estoy ahora, en ninguna parte e infeliz. No te necesitaba, ni antes, ni ahora, ni nunca. Para mi sería mucho mejor que murieras de verdad, de una vez por todas, definitivamente; o al menos que te olvidaras de mi para siempre jamás.

No aguanto ya este punto alcanzado siempre después de tu visita traicionera. De ese saber como será algo, y ver dolorosamente como cada destello fragmentado del será se convierte en un es, que se clavará en mi pecho para convertirse en un fue envenando y me matará una vez más.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Inconfesablemente tarde.

Era por la tarde, eso lo recuerdo bien. Me dirigía hacia tu casa a toda prisa, aunque eso tú, todavía no lo sabías; aún no lo sabes. Llevaba cerca de un par de horas hablando con un amigo, pero en realidad, lo hacía conmigo mismo. Era un monólogo y eso lo sabíamos bien los dos cuando empezamos la conversación. Sé que me marché confuso y apresurado, decidido después de aquella larga charla.

La calle, recorrida cientos de veces, puede que miles, se tornó más larga que siempre. Veía el otro lado, donde se cruzaba con otra y que encauzaba rumbo a donde quería llegar. Mis pasos no debían de tardar más de tres o cuatro minutos en alcanzar aquel extremo; pero aquel día los segundos eran lentos. ¿Acaso aquella acera ahora era interminable?

Tomé el teléfono de mi bolsillo, el interior del abrigo, de eso también me acuerdo, busqué tu nombre anotado en la agenda, ya no se hace eso de marcar el número con los móviles, y le di a llamar. Sonaron tres tonos y recogiste. Hice un esfuerzo porque mi voz sonara casual: "iba a pasar cerca de tu casa y quería saber como te iba una visitica"; pero te venía mal, ya habías hecho planes. Planes que por arte de magia volvieron mis palabras inconfesables.

¿Cuánto ha pasado? Lo sé, exactamente en días, exactamente en minutos, exactamente en segundos, lo sé en cualquier medida de tiempo que puedas imaginar. Sí, incluso en suspiros. Resuena en mi cabeza lo que pensé aquel día, aquel día que fluyó la frase: "Sea como sea, siempre llego tarde". Un producto de la posible angustia del momento pero que, curiosamente, se torna, una y otra vez, en realidad. Aquel día fue tarde para ti, hoy, fue tarde para otro tú y, puedo asegurar que pronto será tarde para el tú que venga, mañana o pasado...