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jueves, 10 de septiembre de 2015

Genio

Rembrand miró a la criatura que, a sus pies, se retorcía con dolorosos espasmos. La respiración del ser de piel azulada cada vez se hacía más débil y sonora. Una baba morada le desbordaba por la comisura de los labios y los ojos de pupilas rojas parecía que fuesen a salírsele y explotar. Entre la mueca de terror al saber que la muerte no tardaría en pasar a recogerlo, se lograba distinguir otra cosa, algo diferente, una pregunta que no podía formular con su garganta privada de todo aire, privada su lengua  y privados sus labios de cualquier clase de fuerza. ¿Cómo? ¿Cómo? Esa era la pregunta no pronuncida en su rostro y que escapaba al horror paralizante de la cercana llegada de la parca. ¿Cómo?
 -De verdad lo lamento, dador de deseos, de verdad. Lamento que hayas topado conmigo, que a fuerza de tantos deseos negados, de tantas heridas abiertas por los anhelos inalcanzables y que se torcieron, convirtiéndose en arena entre los dedos, y que el tiempo se negaba a curar. Al final quedé vacío de todo afan o sueño, y ahora no soy más que una cáscara que nada desea y que nada puede desear. 

miércoles, 21 de mayo de 2014

Mirándote a los ojos...

«Sólo hay una forma de hacer esto, y es mirándote a los ojos, viéndote respirar o contener el aire mientras dejo que mis palabras broten de mi garganta... Y es que sé que puedes convertirte en lo mejor que me ocurra en la vida... y lo peor. No quiero engañarte. Lo peor porque estando contigo no concibo no estarlo nunca más, lo peor porque tu ausencia hiere, lo peor porque no podría apartarte de mis pensamientos nunca jamás. Y eres lo mejor porque simplemente podrías ser lo peor...».

--¿Tú qué opinas de esta declaración de amor...?

miércoles, 1 de enero de 2014

Ultimas...

Sonaban a lo lejos los últimos alientos de aquel día, un día como cualquier otro, un día tan único como irrepetible, un día 31 de un Diciembre que se agotaba. Había aplicado todos los remedios que el Doctor le indicara antes de marcharse, pero nada parecía surtir efecto para paliar el mal que le aquejaba. En esos instantes se enfrentaba él también a su final. Sabía que en cuanto la última campanada de media noche sonara su corazón se detendría, y lo único que podía curarle estaba a demasiados kilómetros de distancia, aunque la lejanía en realidad no era un problema geográfico, lo mismo hubiera dado que la medicina dulce, tibia y rosada, estuviera apenas a unos metros, apenas a unos palmos, apenas a unos centímetros; porque jamás llegaría a sus labios. Y posiblemente fuera mejor así, el fin de la agonía de su tiempo. Intentaba alejar de él aquel pensamiento gris, pero no podía, la nada se le antojaba mejor que otros 365 días diferentes pero todos iguales...

martes, 17 de diciembre de 2013

Sueño Nuevo, Sueño Viejo

He soñado Babylonia como siempre he soñado. Y allí estabas tú. Tengo miedo porque entonces el ayer ha alcanzado al hoy. Me asusta la vieja historia sempiterna, me asusta que las palabras que no dije se conviertan en olvido y me asusta que las palabras pronunciadas se tornen en distancia. Y es hoy cuando no puedo dejar de preguntarme qué he de hacer. Quiero correr y alejarme de ti, quiero correr y acercarme a ti, quiero correr. Cierro los ojos con el deseo de volver a verte entresueños mientras mi corazón late lleno de miedo por lo que no siento, por lo que siento...

Y sí, Babylonia es una ciudad, una muy real, demasiado real, tan real que podrías viajar a ella si quisieras y supieras cual es...

viernes, 11 de octubre de 2013

"Importaba"

El sonido rugoso, de la arena escapando por las costuras del saco, era una perfecta metáfora de como estaba acabando todo para él. Desde el suelo, mientras la vida se le escapaba en una tibia mancha carmesí, podía ver los diminutos cristales amarillos y naranjas lanzarse al vacío en alguna clase de cascada seca.

Ahora, mientras las sombras inundaban el brillo húmedo de sus ojos, y el silencio llenaba cada vez más sus oídos, se preguntaba si no habría sido más inteligente aceptar el soborno y dejarse caer en el tercer asalto; pero eso él no pudo verlo a tiempo, él tenía que ganar el título, tenía que hacerlo y no cabía otra cosa en su mente. Sin embargo, en esos precisos instantes, lograr el cinturón dorado de los pesos pesados no le importaba, ni lo más mínimo; ni siquiera le importaba el hecho de estar muriéndose. Lo único que le importaba era no haberle podido decir que la quería, que la amaba con locura. Pero ya era tarde, ya no había tiempo.

La arena dejó de caer y todo se volvió negro y vacío.

martes, 24 de septiembre de 2013

Breves

<<Él sí que sabía dónde conseguirla. ¡Y la mejor! Porque a él siempre le daban la mejor, y si no, que se atuvieran a las consecuencias...>>
<<Estaba plenamente convencido de que era imposible enamorarse de la persona equivocada, aún así, él lo había hecho y lo sabía.>> 
<<Ningún amor era imposible, excepto el suyo.>>
<<Me causaría más satisfacción dejar su cuerpo maltrecho y tullido, pero eso siempre acarrea preguntas incómodas, ya me entiendes; así que tendré que conformarme con que desaparezca.>>

<<Él mismo era su único lastre.>>
<<Equivocarse hiere, no aprender del error mata.>>
<<Sabes que aunque la tuvieras delante no serías capaz de balbucear ninguna de esas palabras.>>
<<La vio venir, de frente, con toda su estela de aire caliente y su boca de plomo. En otro tiempo la habría esquivado, pero hoy era su día. El día en el que ella lo reclamaría. Ella, la muerte.>>
<<Solo tenía un temor. Uno que le recorría negro por las venas, helándoselas y dejándole la sangre lenta y espesa. El temor a no volver a verla, el temor a que sus oídos no escucharan lo que tenía que decirle; el temor a no ser capaz de pronunciar las palabras.>>

sábado, 10 de agosto de 2013

Esas palabras...

<<El problema es que a veces una palabra puede ser demasiado. Demasiado breve. Demasido larga. Demasiado tarde. Demasiado afilada. Demasiado para que unos oídos la escuchen, unos ojos la lean, una lengua la saboree o unos dedos la toquen. Y eso genera miedo a nuestra propia voz, a nuestros propios trazos. Un miedo atenazante y que llena de silencios. Querría simplemente mirarte y decirte que quiero conocer que más se esconde entre tus páginas, saber cual es el final de la historia que narras con cada latido, mirada y suspiro; porque sé que aún no he llegado a pasar de la primera línea de la primera página. Y es que si tuviera que condensarte en un sólo golpe de voz me viene únicamente a la cabeza: "enigmática".>>

<<¿Se puede saber qué haces hablándole al espejo?>>

<<¡Nada! ¡Simplemente, nada!>>

martes, 9 de julio de 2013

Rosa

Tengo que reconocer que ha puesto empeño, tanto empeño que al final no tengo más remedio que inclinarme y admitir la razón que me negaba a darle. Mi error me ha llevado a pecar tantas veces de ingenuo, que casi me dan ganas de clavarme un cuchillo en el pecho por simple castigo de mi idiotez; pero eso fue antes, ahora ya no soy un idiota. Ahora ya sé que la fragancia de las rosas sólo se puede aspirar una o dos veces, luego la flor muere y el dulce aroma se torna en una clase de hedor podrido que lo impregna todo alrededor, haciendo insoportable visitar el jardín. Y una vez que ocurre sólo podemos arreglarlo con una concienzuda poda... Ya no olvidaré nunca más aspirar, cortar y tirar.

viernes, 28 de junio de 2013

Cierras los ojos...

Cierras los ojos... Los cierras y te dejas envolver por la caricia que envuelve suavemente tu piel y asciende para besar tus oídos. Percibes incluso un olor de siete fragancias que se descomponen como gotas de agua al chocar contra ese alero, salpicando más, llegando más lejos, mojando más. Entonces reclinas la cabeza y todo comienza a flotar,  mezclándose en un vórtice invisible para, un segundo después, desaparecer. Los ojos se abren y sobre el pentagrama danzan siete doncellas desnudas con el cabello teñido de negro noche y blanco plata. No sabes donde te encuentras, pero no importa... No recuerdas quien eres, pero no importa... Sólo queda viajando por todo tu cuerpo con pies de seda el dulce néctar de siete flores, sólo eso importa. Sólo eso.

jueves, 20 de junio de 2013

Inevitable

Nadie me preguntó el porqué de mi gesto y de mi mirada, nadie lo vio, nadie se percató; y es lo normal en este mundo donde no es necesario inventar la capa mágica de la invisibilidad. Caminamos ciegos, sólo con ojos para esa pantalla de letras y colores, caminamos sordos, sólo con oídos para esos auriculares. Caminamos sin saber que pasa a nuestro alrededor. El sol golpeaba inclemente, con una fuerza sádica, por eso la gente se apiñaba bajo la débil sombra que proyectaba la cornisa. El aire no se movía, aprisionado por el calor. Miré a un lado y a otro, el tren se desdibujaba varios cientos de metros, avanzando. Mis pasos llevaron a mis pies justo hasta el límite, la línea amarilla que vela por nuestra seguridad. Mis ojos quedaron fijos en las vías mientras escuchaba el traqueteo de acero cada vez más cercano. Nadie supo que en mi cabeza se libraba una batalla por evitar lo inevitable.

Silencio

Siempre creí que el silencio no era más que la ausencia de sonidos, que era ese momento en el que puedes oirte pensar, que era la definición del diccionario y nada más; pero ahora sé que sólo estaba equivocado. En realidad el silencio no tiene nada que ver con eso, nada que ver, es algo muy distinto; mucho más vacío, mucho más gélido, mucho más temible. El silencio es cuando no escuchas mis palabras y no contestas a mis preguntas, ese es el verdadero silencio, ese es el silencio que mata, lentamente y desde dentro; ese es el silencio. Y ahora lo escucho tan alto y claro, que sé que mañana ya no estaré vivo sino muerto.

Palabras

Ahora pienso que fui un arrogante demasiado ingenuo, que lo he sido durante demasiado tiempo, y que es posible que aún lo sea, aunque tal vez menos que antes. Jamás usé un poema de los que ya se escribieron para decir: te quiero, preferí trazar yo los versos porque sentía el deseo de amarte con mis palabras. Jamás tomé un fragmento prestado para decir: te quiero, preferí buscar mis frases llenas de mis palabras. Pero lo que no entendía, lo que no alcanzaba a comprender, ni mi corazón, ni mi mente, ni mi alma, es que jamás usé mis propias palabras... Porque todas y cada una de las palabras que yo sé, las pronunciaron ya otros labios o las escribieron con tinta otras manos. ¡Qué arrogancia desesperada! ¡Qué ingenuidad tan joven!

No duermo pensando y sintiendo una manera de decirte, que te quiero y que te amo, una que jamás nadie haya usado antes.

Y la he encontrado, justo en ese momento en el que ni estás despierto ni aún has entrado en el sueño, ese momento entre el aquí y el allí, ese momento entre la realidad y el sueño. Por eso te pido que dejes caer tu oído sobre mi pecho y escuches, escuches cada latido, cada uno de ellos que son la voz de mi corazón; esucha porque sé que nunca jamás alguien dijo que te ama, que te quiere, con estas palabras; porque ellas no existían antes de ti.

lunes, 10 de junio de 2013

"Confesiones"

Confesiones, confesiones a media noche ante el espejo fijo donde puedo ver tu imagen, ante aquella foto de aquella noche, tú sabes bien cual. Me verías tomar aire, mover las manos nerviosas y restregarlas contra el pantalón para secar el sudor en las palmas; luego te miraría al mismo tiempo que mis pulmones dejarían escapar un suspiro, y entonces volvería a respirar para permitir que unas pocas palabras escaparan. ¿Y qué es lo que oirías? Una mentira tan contradictoria que es una verdad pura, y es que temo que creas que me he enamorado de ti, tanto como temo que pienses que no lo he hecho... Me quita el sueño saber que nunca leerás con tus ojos estas palabras salir de mis labios, pues la distancia que nos separa es tan inmensa como un segundo vestido de eternidad.

martes, 28 de mayo de 2013

DeHistorias (1)

[...]
En un día como hoy, no puedo evitar preguntarme si nuestras voces volverán a intercambiar palabras; porque ahora sólo alcanzo a escuchar silencios. Tengo que reconocer que me sorprendiste con enormidad, tres veces. La mayor de ellas, la última, que fue como si se sumaran las dos primeras y luego se multiplicaran por menos diez; más de lo necesario para engullir en el vacío las anteriores y lanzarlas a un recuerdo muerto de olvido. En realidad, si lo pienso, no logro entender y lo único que consigo es embriagarme de pena, de un manto pesado que me impide llegar allí.

En la noche me asalta la hiriente cuestión de cuanto erré al entender, y me pregunto si, pronunciar más palabras enderezarán este rumbo errado que sólo lleva a  un lugar repleto de borradas memorias muertas. 


[...]

martes, 21 de mayo de 2013

Elemental

Que hubiera pasado tanto tiempo hasta descubrir el porqué le resultaba casi inconcebible y, en esos momentos, no sabía si sonreir y sacudirse de encima aquella pesada capa arrastrada durante décadas, o si sentía como una daga que se clavaba aún más profundamente en su corazón.


La voz de su antiguo maestro revelándole el secreto horas antes de morir aún retumbaba en su cabeza: "La afinidad de los elementales hacia un elemento no les proporciona una protección contra el mismo, ni les ayuda a controlarlo mejor. Al contrario. Les profiere una increíble desventaja ya que atraen a su elemento de forma irremediable. ¡Qué estúpidos hemos sido para tardar tanto tiempo en darnos cuenta!". Aún días después podía ver los labios del anciano moviéndose hasta que los labios se detuvieron y los párpados cayeron como el velo de la noche. <<Así que por eso se quemaba siempre con todo. Ese era su destino, abrasarse con el más nimio fuego. Al menos ahora lo entendía, pero ¿acaso es un consuelo?>> Los pensamientos habían cruzado rápido su mente y todavía se repetían a cada momento. Dudaba que fuera un consuelo, un alivio para todas las pesadas cargas que había tenido que soportas, un bálsamo que suavizara los tragos ardientes y amargos; lo dudaba tanto que estaba convencido de que no sería así.

Restregó los dedos contra las manos, masajeándolas. Había visto tantos fuegos nacer bruscamente y convertirse en increíbles hogueras para luego verlos reducirse a cenizas con más velocidad, que casi estaba convencido de tener que estar acostumbrado; pero no era así, no lo era en absoluto: las llamas seguían quemándole como la primera vez. Una lágrima recorrió su rostro, primero por la mejilla, despacio, ganando velocidad y luego por el surco de la barbilla hasta el mentón; justo antes de precipitarse al vacío. Odiaba los fuegos, los odiaba con toda la fuerza de su ser y los odiaba con su alma completa. Tras ellos sólo quedaban cenizas y de ellas nada podía recuperarse. Miró atrás aunque sabía que no debía hacerlo porque allí no quedaba más que un polvo fino y gris, de tacto grasiento, y sabor ácido y amargo. Lo más parecido que podía verse en la tierra a la nada verdadera, al vacío de las estrellas, al vacío helado de la muerte.


 

lunes, 13 de mayo de 2013

La Imagen en el Sueño...


"Un fondo desenfocado deja entrever una pared posiblemente de color verde, una ventana de moldura de aluminio, puede que de acero, plateada. La luz que se filtra es tenue, blanquecina, tal vez fuera se dibuje un día nublado y oscuro. Una lámpara proyecta su foco desde alguna parte en la pared opuesta a la que estoy viendo.
Nítida se dibuja una figura de espaldas, levemente ladeada hacia la derecha, sentada al borde de una cama de sábanas de seda y un suave color morado, casi blanco. La cabeza ladeada hacia la derecha, con la mirada hacia abajo, perdida en un infinito lejano, el brazo derecho estirado y la mano apoyada y perdida entre la tela. El cabello largo se pierde entre el cuello y el hombro derecho, dejando la espalda completamente libre y desnuda. La sábana, arrugada y que se adivina recogida con la mano izquierda sobre el regazo, oculta el tramo final de la espalda...
Y toda la imagen tiene un tono apagado que hace imaginar los colores en un blanco y negro inexistente de colores nítidos."

lunes, 6 de mayo de 2013

El Retorno del príncipe...


[...]

-¿Qué hacéis asomado a la ventana? Podéis caeros.
-¡Ha vuelto! Relón, mi hermano ha vuelto.
-¡Quieto, no déis un paso más!
-¿Qué sucede? ¿Por qué estáis tan serio?
-Por favor, joven príncipe, sentáos un momento y escuchad con atención.
-Pero mi hermano...
-Serán sólo unos segundos y aún quedan varios kilómetros para que atraviese los muros. Y desde luego, vuestro padre no os dejará salir en su busca.
-Está bien.
-Lo que os voy a decir puede que no lo entendáis ahora mismo, pero es importante que lo intentéis al menos. Hay veces que las personas se marchan para no volver, pero jamás se llegan a ir, en cambio, otras veces ocurre lo contrario, que se van, pero no es hasta su regreso que se marchan.
-¿Qué queréis decir con tantas palabras?
-Una lección que a mi me costó demasiado aprender.

[...]

Dedicated to...

martes, 9 de abril de 2013

Las Siete y Media

Estaba de espaldas, sentado en el sofá, con las piernas colgando de uno de los reposabrazos. La habitación estaba en penumbra, sólo una pizca de luz se atrevía a luchar contra las sombras, colándose a través de las rendijas en persianas y cortinas. Eran las siete y media de la mañana de un mes lluvioso de marzo.

Me acerqué casi sin hacer ruido y acaricié su hombro al tiempo que preguntaba con voz silenciosa.

-¿Por qué lloras?
Su cabeza, de castaño dorado, se giró, dejandome ver su cara con unos ojos verdes manzana anegados por las lágrimas. La abracé y sentí el calor tibio de su cuerpo a través de la camisa celeste que llevaba.
-Porqué hay momentos felices de los que sólo puedes sacar conclusiones tristes.

miércoles, 3 de abril de 2013

¿Recuerdas...?

El otro día, después de hablar contigo y de pensar en todo lo que ha pasado en las últimas semanas, no pude evitar la sensación de que "todo esto ya lo había vivido antes". Mi mente buscó las similitudes demasiado cerca en el tiempo, por lo que las descarté, aunque la certeza imprecisa y que no era capaz de ubicar, estaba ahí, jugando al escondite.

No fue hasta la semana pasada que las piezas del puzzle encajaron. Desde luego que todo esto ya lo había vivido y, viéndolo con cierta perspectiva, las similitudes diría que dan miedo. Sí, cambia el escenario y cambian los actores (aunque algunos repiten) pero la obra sigue siendo la misma.


Recuerdo con claridad que llovía aquel día, incluso alcanzo a atisbar entre los rincones de mi memoria algunos colores de las paredes, de las luces, de los marcos de las puertas. Era el año 99 y estábamos a una semana de Semana Santa, eso también lo tengo claro. El lugar, un hotel de Salamanca.

La puerta de la habitación estaba abierta y charlaba con un amigo sobre como estaba siendo el viaje, sobre cómo lo estábamos pasando, y sobre otras muchas cosas, entre ellas, chicas; en muchos casos, con nombre y apellidos. Recuerdo claramente las palabras que pronuncié en algún momento y que parecieron arrojar una especie de maldición, un hechizo catastrófico; capaz de destruir. Al día siguiente todo había cambiado. Lo que debía de haber estado ahí a la mañana siguiente, había desparecido. Sólo quedaban cajas destempladas, ojos que miraban sin ver, y un silencio tan profundo que podías asomarte y caerte para perderte en él. Después de eso, sólo quedó el paso del tiempo que, como un pintor paciente y preciso, iría dando capas color olvido hasta que sólo hubo nada.


Y ahora recuerdo un día mucho más cercano, por las fiestas de Navidad, no podría precisar si 2012 o 2013, en el que hablaba tranquilamente con un amigo por el Skype y como aquella vez del 99, aparecieron las palabras "mágicas" que habrían de ser catastróficas. Y de nuevo se invocó el silencio y el olvido.Esta vez intenté resistir un poco más el poder de mi propia voz, pero ha sido un vano gesto por mantener una ilusió ya hecha pedazos, pedazos tan pequeños que sólo quedaba un montón de polvo dispersado por el viento.


martes, 2 de abril de 2013

Silencios

[...]

-¿Por qué te marchaste?
-¡Je! Que me marché, dices. ¡Ojalá hubiera sido así! Dejé de ir allí, sí, pero porque ya no era bien recibido. Desafortunadamente hay muchas maneras de decirle a alguien que se largue, que está sobrando. Miradas, gestos y, sobre todo, los silencios. Los silencios son la mejor forma, porque nadie más que tú los oye; para los demás pasan desparecibidos, y cuando alguien nota algo, es que ya no estás y todos creen que te has ido sin motivo y sin razón... Nadie se da cuenta de que te han echado, ni tan siquiera los que lo hicieron. Y entonces vendrán respuestas equivocadas a rellenar ese porqué cargado de silencio.
-¿No estás siendo dramático?
-¿Para qué...? Dime, sinceramente, porqué crees que no volví. Bueno, déjalo, no te voy a obligar a mentirme para animarme, o a decir unas palabras sinceras que creas pueden herirme. Aunque me gustaría, allí no queda nada para mi. No es la primera vez, ni, aunque me gustaría, será la última.

[...]