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lunes, 5 de diciembre de 2016

3 Palabras (2)

«"¡Qué te den!" Fueron sólo tres palabras, pero se grabaron a fuego en Alberto, en su corazón, en su mente y en su alma. Aún podía, tres años después, ver claramente cómo Mariola cogía precipitadamente su ropa, se vestía, tomaba su bolso y arrancaba por el pasillo a toda velocidad hasta llegar a la puerta, que cerró tras de sí con un portazo. En secreto lloraba cada vez que lo recordaba, y lo hacía a menudo. Se preguntaba qué habría sido de Mariola y se juraba que si algún día volvía a tenerla delante haría más que pronunciar un ambiguo "Lo siento". Habia tenido mucho tiempo para sufrir y pensar bajo aquellas hirientes tres palabras, bajo el yugo de aquel merecido: "¡Qué te den!"».

3 Palabras (1)

«Raúl estiró la chaqueta, intentando eliminar las arrugas que se le habían formado al ir sentado en el asiento del coche. Su mirada, perdida en el infinito, se cruzó con la de sus dos sobrinos: Violeta y Pedro, de siete y cinco años. Los dos observaban con los ojos muy abiertos las caras tristes de los adultos. No entendían las lágrimas que vertían algunos. Dejó de intentar quitar la arruga, no lo iba a conseguir, y se acercó a los dos niños. Se agachó y les dio un abrazo.

--¿El abuelo está malito? --preguntó con candidez Violeta sin soltarle la mano a su hermanito.
Raúl esbozó una sonrisa y levantándose le revolvió el pelo a la niña, mientras expelía un largo suspiro y pensaba: "La vida continua"».

jueves, 10 de septiembre de 2015

Genio

Rembrand miró a la criatura que, a sus pies, se retorcía con dolorosos espasmos. La respiración del ser de piel azulada cada vez se hacía más débil y sonora. Una baba morada le desbordaba por la comisura de los labios y los ojos de pupilas rojas parecía que fuesen a salírsele y explotar. Entre la mueca de terror al saber que la muerte no tardaría en pasar a recogerlo, se lograba distinguir otra cosa, algo diferente, una pregunta que no podía formular con su garganta privada de todo aire, privada su lengua  y privados sus labios de cualquier clase de fuerza. ¿Cómo? ¿Cómo? Esa era la pregunta no pronuncida en su rostro y que escapaba al horror paralizante de la cercana llegada de la parca. ¿Cómo?
 -De verdad lo lamento, dador de deseos, de verdad. Lamento que hayas topado conmigo, que a fuerza de tantos deseos negados, de tantas heridas abiertas por los anhelos inalcanzables y que se torcieron, convirtiéndose en arena entre los dedos, y que el tiempo se negaba a curar. Al final quedé vacío de todo afan o sueño, y ahora no soy más que una cáscara que nada desea y que nada puede desear. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Apatía...

Ejanus miró a través del cristal, con los ojos perdidos en el cielo azul que se hundía al final del mar verde a su izquierda, intentando escapar de la situación tensa e insostenible en la Sala del Pensamiento. Donde antes reinara la camadería y un silencio sano, ahora sólo se respiraba una tensión invisible y muda. En su interior, por más que intentaba empujar el sentimiento fuera, crecía una llamarada enfurecida. Los condes habían decidido dejar de contar con sus servicios, aquel era el pago a su rebeldía, a exigir y defender sus honor, y lo demostraban de una forma humillante, trayendo a dos foráneos. Así que se encontraba en una posición difícil, para nada cómoda. No le habían dicho que no contaban con él, pero tampoco que pudiera marcharse, así que abandonar la torre sería, indudablemente, entendido como un acto de traición, lo que en el mejor de los casos lo condenaría al destierro, y en el peor perdería la cabeza. Así que, lo mejor que podía hacer era buscar una forma de estar lejos de allí, al menos en el interior de su mente, por cuanto tiempo durase aquello. Y tenía que reconocer que percibía a cada segundo cómo su determinación y ánimo se agotaban. En algunos puntos le costaba respirar. No sabía si todavía debía participar en las conversaciones o guardar silencio. Lo peor es que tanto una cosa como la otra podría considerarse un mal paso. Se dijo a sí mismo que no debía dejar que pensamientos como aquellos anidaran en su cerebro, mucho menos cuando, como preveía, iba a encontrarse sólo ante el peligro en no demasiado tiempo. No pudo evitar si encontraría otro señor bajo el que ponerse en servicio, no abundaban los que buscaran alguien como él.

Las voces al fin cesaron en la Sala del Pensamiento, sustituidas por pasos evasivos que llevaban a sus integrantes al exterior. Ejanus se permitió un suspiro de alivio cuando se quedó por completo a solas. Apagó las velas con un gesto de sus dedos y las puertas se cerraron a su espalda. Otro día terminaba y su futuro se presentaba tan incómodo como incierto.

jueves, 7 de agosto de 2014

Menos es Más...

-Te noto distraido, ¿te pasa algo? -preguntó el viejo Lerón a Julius, sentado en el alféizar de la ventana con los pies colgando hacia fuera y con la mirada perdida a lo lejos, en los pastos verdes y las montañas cubiertas de nubes grises.
-Esta mañana me he dado cuenta de que entiendo cada vez menos y al mismo tiempo, más.

martes, 21 de enero de 2014

Lo Único

Lo único que le quedaba, lo único que quería ya, era que el largo sueño le alcanzara. Su corazón sólo bombeaba cáustica amargura por las venas, y la desesperación atenazaba cada bocanada de aire, con tallos de rosas marchitas llenas de hirientes alfileres. Lo único que aún aferraba entre sus dedos no conocía otro nombre que Desesperanza. Lo único que podía anhelar era que el telón de la dama blanca cayera al siguiente instante, antes del próximo latido, antes de la siguiente inspiración, antes del próximo segundo de vida.