<<El problema es que a veces una palabra puede ser demasiado. Demasiado breve. Demasido larga. Demasiado tarde. Demasiado afilada. Demasiado para que unos oídos la escuchen, unos ojos la lean, una lengua la saboree o unos dedos la toquen. Y eso genera miedo a nuestra propia voz, a nuestros propios trazos. Un miedo atenazante y que llena de silencios. Querría simplemente mirarte y decirte que quiero conocer que más se esconde entre tus páginas, saber cual es el final de la historia que narras con cada latido, mirada y suspiro; porque sé que aún no he llegado a pasar de la primera línea de la primera página. Y es que si tuviera que condensarte en un sólo golpe de voz me viene únicamente a la cabeza: "enigmática".>>
<<¿Se puede saber qué haces hablándole al espejo?>>
<<¡Nada! ¡Simplemente, nada!>>
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sábado, 10 de agosto de 2013
jueves, 7 de marzo de 2013
La Entrevista
Miré a su cara llena de arrugas, que como los anillos de un árbol contaban cada año y cada experiencia. Pero lo más significativo eran sus ojos. En ellos se dibujaba toda una vida plena, menos un leve brillo lejano y escondido lleno de tal vez, de quizá, de arrepentimiento.
Llevado por mi curiosidad no pude evitar lanzarle la pregunta a pesar de que ya habíamos terminado la entrevista y casi lo habíamos recogido todo.
-Sé que ha tenido una buena vida, me lo ha dicho y se le ve en la cara, además, por lo que todos saben así ha sido, pero, ¿hay algo de lo que se arrepienta? ¿Algún error del pasado que le gustaría corregir?
No olvidaré como suspiró, tomó aire, relajó la cara y sus ojos se volvieron más brillantes mientras se perdían viendo algo que no estaba allí. Sus labios casi dibujaron una sonrisa triste.
-Sí hay algo de lo que me arrepiento, sí, una única cosa.
Me eché un poco hacia delante, con mis oídos ávidos por conocer la respuesta, por oír qué me iba a contar.
-Sí... De no haberle dicho que la amaba, que la amaba con locura, a la única mujer que realmente mereció que lo hiciera, a la única que habría merecido la pena mirarla y decirle "un te quiero".
-Pero nunca es tarde para eso.-Dije entre esperanzado, triste y asombrado.
-Para mi me temo que sí lo es. Demasiado tarde desde hace cinco años.
Su voz casi se apagó, y dos lágrimas recorrieron los laberintos en su cara, hasta encontrarse al final de la barbilla justo antes de precipitarse al vacío.
Llevado por mi curiosidad no pude evitar lanzarle la pregunta a pesar de que ya habíamos terminado la entrevista y casi lo habíamos recogido todo.
-Sé que ha tenido una buena vida, me lo ha dicho y se le ve en la cara, además, por lo que todos saben así ha sido, pero, ¿hay algo de lo que se arrepienta? ¿Algún error del pasado que le gustaría corregir?
No olvidaré como suspiró, tomó aire, relajó la cara y sus ojos se volvieron más brillantes mientras se perdían viendo algo que no estaba allí. Sus labios casi dibujaron una sonrisa triste.
-Sí hay algo de lo que me arrepiento, sí, una única cosa.
Me eché un poco hacia delante, con mis oídos ávidos por conocer la respuesta, por oír qué me iba a contar.
-Sí... De no haberle dicho que la amaba, que la amaba con locura, a la única mujer que realmente mereció que lo hiciera, a la única que habría merecido la pena mirarla y decirle "un te quiero".
-Pero nunca es tarde para eso.-Dije entre esperanzado, triste y asombrado.
-Para mi me temo que sí lo es. Demasiado tarde desde hace cinco años.
Su voz casi se apagó, y dos lágrimas recorrieron los laberintos en su cara, hasta encontrarse al final de la barbilla justo antes de precipitarse al vacío.
jueves, 14 de febrero de 2013
Perses
-¿Qué le dijiste, Perses?
-Que qué le dije. Harías mejor en preguntar lo que no salió por mi boca, sería más rápido.
Llegué a donde estaba ella, el jardín de Roems, y la encontré en el banco a los pies de la estutua a Diana, frente a la fuente de los patos. Su risa llenaba el aire haciendo verano este otoño frío, y su cabello suelto al viento era un sol de medio día. No me vio llegar. Me deslicé por su espalda y, mientras respiraba su aroma a melocotón, le susurré al oído, "te quiero". Giró el cuello sobresatalda, pero esbozando la sonrisa más bonita que jamás he visto, una sonrisa de los labios, pero una sonrisa que nacía en los ojos, más allá de donde se esconde el alma. Si mi corazón era ya prisionero suyo ahora también tiene mi alma cautiva.
-¿Y dónde está esa bella dama? ¿Cómo es que no está contigo?
-Porque el momento pasa amigo Beilar... porque el momento pasa y las flores en mis palabras, aunque dulces, ya no son vistosas sino ajadas. Dejé que el verano se alejara de nosotros y llegaran las nieves. Las más terribles que he sentido jamás.
-Pero no veo que perdáis la esperanza.
-Es lo único que me queda, eso, pero es vana. No sobreviviré a este frío, este frío que me atenaza impidiéndome respirar. No, ya he abonado demasiadas veces esos campos para que la semilla muera una y otra vez. Estoy agotado, exiguo de ánimo. Lo que debería hacer sin demora es clavar esta daga sostenida por mi mano en mi propio pecho.
-¡No! ¡Perses, detente! ¡Oh!, ¿qué has hecho, maldito? ¿Por qué locura yaces ahora entre mis brazos? ¿Por qué el calor de tu cuerpo se pierde? ¿Por qué tu sangre se derrama? No entendiste el juego del amor, amigo mío. Llorarán las damas de la corte por tus palabras perdidas, por tu maestría con el lenguaje, por tus poemas, pero nadie lo hará en verdad por ti. Espero que la parca te reciba con un abrazo más caluroso que el que te dio cualquier mujer estando en vida. ¡Necio! ¡Nunca entediste bien! Siempre tan aferrado a ese ideal del loco para el loco.
-Que qué le dije. Harías mejor en preguntar lo que no salió por mi boca, sería más rápido.
Llegué a donde estaba ella, el jardín de Roems, y la encontré en el banco a los pies de la estutua a Diana, frente a la fuente de los patos. Su risa llenaba el aire haciendo verano este otoño frío, y su cabello suelto al viento era un sol de medio día. No me vio llegar. Me deslicé por su espalda y, mientras respiraba su aroma a melocotón, le susurré al oído, "te quiero". Giró el cuello sobresatalda, pero esbozando la sonrisa más bonita que jamás he visto, una sonrisa de los labios, pero una sonrisa que nacía en los ojos, más allá de donde se esconde el alma. Si mi corazón era ya prisionero suyo ahora también tiene mi alma cautiva.
-¿Y dónde está esa bella dama? ¿Cómo es que no está contigo?
-Porque el momento pasa amigo Beilar... porque el momento pasa y las flores en mis palabras, aunque dulces, ya no son vistosas sino ajadas. Dejé que el verano se alejara de nosotros y llegaran las nieves. Las más terribles que he sentido jamás.
-Pero no veo que perdáis la esperanza.
-Es lo único que me queda, eso, pero es vana. No sobreviviré a este frío, este frío que me atenaza impidiéndome respirar. No, ya he abonado demasiadas veces esos campos para que la semilla muera una y otra vez. Estoy agotado, exiguo de ánimo. Lo que debería hacer sin demora es clavar esta daga sostenida por mi mano en mi propio pecho.
-¡No! ¡Perses, detente! ¡Oh!, ¿qué has hecho, maldito? ¿Por qué locura yaces ahora entre mis brazos? ¿Por qué el calor de tu cuerpo se pierde? ¿Por qué tu sangre se derrama? No entendiste el juego del amor, amigo mío. Llorarán las damas de la corte por tus palabras perdidas, por tu maestría con el lenguaje, por tus poemas, pero nadie lo hará en verdad por ti. Espero que la parca te reciba con un abrazo más caluroso que el que te dio cualquier mujer estando en vida. ¡Necio! ¡Nunca entediste bien! Siempre tan aferrado a ese ideal del loco para el loco.
lunes, 11 de febrero de 2013
Cartas de Amor Olvidado...
Hola Inés,
la verdad es que no sé por donde empezar. Hace tanto tiempo que debería haber dejado que las palabras brotaran de mi garganta que ya, como mucho, sonarán roncas y gastadas; pero aunque sea tarde debes saberlo, porque nunca está de más el saber que eres especial para alguien y te lo digan, y porque quiero creer eso de "más vale tarde que nunca".
Recuerdo la primera vez que te vi, vestías de negro y llevabas una cadenilla en la cintura. No, no era un cinturón y seguramente tenga un nombre que desconozco, pero yo lo veía así. Para mi fue una cosa super sugerente. Me pasé toda la noche pensando si decirte algo, pero nunca he sido bueno acercándome a una chica que no conozco en un pub o discoteca. Esa vez sería una mera atracción física, pero ya causaste una impresión en mi, que no caería en el olvido.
Luego pasó el tiempo y volvimos a coincidir, en otro entorno, en otro lugar más cómodo y por fin supe tu nombre y, sin saber como, conectamos. Fuimos haciéndolo durante todos esos meses de otoño, invierno y primavera. Después vino el verano y la distancia se cernió sobre nosotros. Tengo que reconocer que contaba los días hasta que volvieramos a vernos, el primer día del reencuentro debía decirte lo que sentía por ti. Debía haberlo hecho, pero ya carecía de sentido. Todo había cambiado. Me resigné esperanzado aguardando una nueva oportunidad de poder mirarte a los ojos y decirte lo que sentía por ti. Esperando un día tras otro, un mes tras otro, un año tras otro... Pero el momento nunca llegó y mis palabras se volvieron un sinsentido. Uno a uno, cada te quiero que tuve que haber dicho fue agotándose hasta morir asfixiado.
Si hoy me preguntaras si aún te quiero tendría que responder que sí, porque siempre habrá una pequeña parte de mi corazón, escondida y encerrada en un velo de olvido, que te amará, que te querrá y cuyas lágrimas no habrán de cesar por el error cometido.
Hoy, después de todo este tiempo, lo sabes. Espero que algún día puedas perdonarme el silencio en el que había sumido a esta voz hasta ahora.
Con todo mi amor, Hugo
Pensando en el próximo día 14, por "hacer algo temático", por esas veces que se quedó en el tintero decir un "te quiero", o algo así, por esas veces que todo cayó el un olvido recordado, por esas veces que hiciste el tonto guardando silencio... Sé que es un poco "ñoño", a veces hay que serlo y también que cae en los tópicos, pero hoy tampoco me importa eso.
Por cierto, Inés no existe, estrictamente hablando, ni Hugo tampoco.
miércoles, 30 de enero de 2013
lunes, 28 de enero de 2013
Nuevo Temor
Hace años habrías sido el primero al que le contara todo esto, ahora, ahora estás demasiado lejos; pero lo que te diría sería que hoy he descubierto un nuevo temor. He tardado demasiado en darme cuenta, demasiado, y en estos momentos quiero sólo creer que es demasiado tarde. Solamente creerlo, porque aún deja lugar para la incertidumbre aún cuando sea engañarme un poco, una tenue . Y cuál es este nuevo temor me preguntarías, el de haber sido demasiado lento, el de haber estado demasiado ciego, el de llegar demasiado tarde. Siempre en mi corazón me ha asustado el rechazo, el abrirle a alguien mi alma y que simplemente no se dignara a mirar en ella ni con un parpadeo; pero no era más que un susurro, una leve brisa de miedos. Hay algo mucho más terrible, el que hubiera una persona a la espera de que le abrieras tu corazón y llegar tarde, porque eso significaría haberle hecho daño a alguien a quien irremediablemente amas. Y eso es lo que creo que he hecho y no sé como remediarlo. Siento que me asfixia, que ese temor aprieta mi corazón no dejándolo latir y me atenaza porque no veo la oportunidad de decir ninguna palabra.
sábado, 22 de diciembre de 2012
La...
Lo mejor de aquella noche no fue acariciar tu cabello. Tampoco el tacto de seda de tus labios de un delicado rosado. Ni el perfume dulce de tu piel que saboreaba con las manos, perdidas en los caminos de tu cuerpo como un viajero curioso e inquieto. Y siquiera podría ser el calor tibio de nuestros cuerpos mientras se amaban el uno al otro como si tuvieran una mente propia y ajena, pero faltaría a la verdad. Si bien nada de eso podré olvidar jamás, lo mejor fue la sonrisa de tus ojos.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Cuando...
Cuando mis oídos te acarician y, mis labios te miran y, mis ojos te oyen; entonces... Lo sé.
martes, 4 de diciembre de 2012
Tú
-¿Una rosa? No. Tampoco un clavel. Sí, una amapola... No, para nada. ¡Ya! La flor de lis. Pero es que no. ¿Tal vez una camelia? Demasiado vulgar, ¿no? Desde luego. La flor de coral, es posible... No, otra. Es otra. Una orquidea. Sí, las orquídeas son bellas, son exóticas, son delicadas, demasiado delicadas, demasiado... ¿Qué flor serías? ¿Una campanilla? Puede ser, es bonita, estilizada, sí cómo tus piernas, pero no, eso no eres tú, muy poco. Sólo una parte, no el todo. Entonces, ¿cuál? Ya, lo sé. Un pensamiento, todos los pensamientos...
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