Rembrand miró a la criatura que, a sus pies, se retorcía con dolorosos espasmos. La respiración del ser de piel azulada cada vez se hacía más débil y sonora. Una baba morada le desbordaba por la comisura de los labios y los ojos de pupilas rojas parecía que fuesen a salírsele y explotar. Entre la mueca de terror al saber que la muerte no tardaría en pasar a recogerlo, se lograba distinguir otra cosa, algo diferente, una pregunta que no podía formular con su garganta privada de todo aire, privada su lengua y privados sus labios de cualquier clase de fuerza. ¿Cómo? ¿Cómo? Esa era la pregunta no pronuncida en su rostro y que escapaba al horror paralizante de la cercana llegada de la parca. ¿Cómo?
-De verdad lo lamento, dador de deseos, de verdad. Lamento que hayas topado conmigo, que a fuerza de tantos deseos negados, de tantas heridas abiertas por los anhelos inalcanzables y que se torcieron, convirtiéndose en arena entre los dedos, y que el tiempo se negaba a curar. Al final quedé vacío de todo afan o sueño, y ahora no soy más que una cáscara que nada desea y que nada puede desear.
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jueves, 10 de septiembre de 2015
lunes, 10 de febrero de 2014
Misterios (2)
"La Bahía", como llamaban cariñosamente a la plataforma de aterrizaje de la brutal mole arquitectónica conocida en el mundo entero como, "El Cíclope", se mostraba bajo ellos. Las turbulencias durante el trayecto fueron más de las que cualquiera de los tres en el interior del vehículo habrían admitido como aceptables, por lo que tenían el fuerte deseo de verse en tierra. Si es que a la base donde "El Cíclope" se cimentaba podía llamársela así. Construído en mitad del Atlántico Norte, sobre unos enórmes pilares que se hundían kilómetros bajo el océano hasta anclarse en el fondo, se elevaba mil quinientos metros por encima de la superficie del agua. Desde allí, desde aquella torre de vídrio, acero, titáneo y carbono, el CNU. Centro de Naciones Unidadas, (UNC. United Nations Center en sus siglas en inglés) controlaba los pasos de todo el globo. Se suponía que era una salvaguarda para evitar que sucedieran nuevamente hechos como los que incendiaron Europa y USA, y tras ellos gran parte del mundo, en el 2070; cuando por fin, los efectos de la crisis económica que comenzara en el 2008, se hicieron reales para tal número de la población mundial, que la insurgencia y la rebelión brotó en cualquier lugar. La estafa de las grandes corporaciones empresariales oculta bajo "la crisis", finalmente había quedado descubierta y, con el tiempo, tomada como inaceptable. Tras un periodo de 9 años en el que la guerra asoló la mayor parte del planeta, precedida de la miseria y el hambre, en el 2079, el 23 de Noviembre a las 12 del medio día, según el horario de Greenwich, la guerra cesó. Las inmensas fortunas acaudaladas por unos pocos se repartieron entre muchos y, de alguna manera, el contador se puso a cero. Una vez más. Así nació, en el 2083, cuatro años después, el CNU, con la misión de controlarlo todo y a todos, para evitar una nueva tragedia.
Sabía desde el principio que la llevarían allí, siempre era ese el protocolo, pero los rostros que se cruzaban por los pasillos con sus ojos azules (en aquella ocasión) mostraban una clase de tensión que no era la típica del estrés en el trabajo. No, era algo más. No sabía aún el qué, pero lo averiguaría. En ese momento dedujo que no iban a salir del edificio en una buena temporada. No habían ido en su busca para darle un montón de informes y usar su experiencia de campo en cualquier lugar del mundo, no. Esa vez "cualquier lugar del mundo" sería, ni más ni menos, que la sede central del CNU. No pudo evitar sentir un cosquilleo en la nuca. Una sensación hueca que siempre avisaba de problemas. Habían entrado por arriba, por el helipuerto en la parte más alta del edificio, lo que significaba que se encontraban en la última planta. Seguramente, sólo los de allí supieran que algo había pasado. Bajar un piso más habría sido encontrarse de cara con la normalidad. Pero que algo alterara a los que lo veían y escuchaban todo, era, cuanto menos, para no descartar la preocupación y, por qué no, algo de miedo. No pudo evitar preguntarse qué reto iban a presentarle y si estaría a la altura.
Sabía desde el principio que la llevarían allí, siempre era ese el protocolo, pero los rostros que se cruzaban por los pasillos con sus ojos azules (en aquella ocasión) mostraban una clase de tensión que no era la típica del estrés en el trabajo. No, era algo más. No sabía aún el qué, pero lo averiguaría. En ese momento dedujo que no iban a salir del edificio en una buena temporada. No habían ido en su busca para darle un montón de informes y usar su experiencia de campo en cualquier lugar del mundo, no. Esa vez "cualquier lugar del mundo" sería, ni más ni menos, que la sede central del CNU. No pudo evitar sentir un cosquilleo en la nuca. Una sensación hueca que siempre avisaba de problemas. Habían entrado por arriba, por el helipuerto en la parte más alta del edificio, lo que significaba que se encontraban en la última planta. Seguramente, sólo los de allí supieran que algo había pasado. Bajar un piso más habría sido encontrarse de cara con la normalidad. Pero que algo alterara a los que lo veían y escuchaban todo, era, cuanto menos, para no descartar la preocupación y, por qué no, algo de miedo. No pudo evitar preguntarse qué reto iban a presentarle y si estaría a la altura.
viernes, 17 de enero de 2014
Misterios (1)
El sonido continuo y redondo del motor eléctrico se detuvo bruscamente, siguiéndole a los pocos instantes el golpe de un par de puertas al cerrarse. No le hacía falta ver a los dos hombres que acababan de bajarse del vehículo para saber que aspecto tenían, tampoco necesitaba abrir para saber que querían. Sólo había un motivo por el que podían estar allí. Suspiró pesadamente y se llevó la taza de café hirviendo, negro y sin azucar a los labios. Paró el movimiento un segundo y tomó un sorbo largo. El golpe de unos nudillos contra la madera rompió el silencio del interior de la cabaña. Sin prisa dejó la taza sobre el platillo en la mesa, se levantó y, acercándose a la entrada, liberó la cerradura. Al otro lado del umbral aparecieron dos hombres de traje negro y corbata, con gafas oscuras ocultando los ojos, y el pelo ridículamente pulcro y engominado. Uno de ellos ostentaba una placa que no llegó a leer.
- ¿Dónde vamos esta vez? - Preguntó mientras salía, calándose su chaqueta de piel, sin darles tiempo a los otros de decir palabra alguna. Cerró la puerta con un par de vueltas de la llave.
Si los desconcertó no lo demostraron. Simplemente giraron sus talones y la escoltaron hasta el vehículo, detenido a unos metros. Era un modelo nuevo, una especie de todoterreno, sin ningún logo que indicara la marca que lo había fabricado. Esperó a que le abrieran la puerta del asiento trasero y entró. Como había imaginado: los asientos eran de cuero y todo olía a demasiado nuevo. No pudo evitar preguntarse cuánto habría costado aquel "cacharro". En cuanto oyó el zumbido y notó las vibraciones del motor magnético acelerándose, supo que mucho más dinero del que ella vería junto jamás en su vida. Sonrió hacia abajo en una mueca de disgusto mientras se acomodaba en el enorme asiento. Iba a ser un viaje largo. Era el único motivo para no ir por carretera. Eso, o que la urgencia era demasiada.
- ¿Dónde vamos esta vez? - Preguntó mientras salía, calándose su chaqueta de piel, sin darles tiempo a los otros de decir palabra alguna. Cerró la puerta con un par de vueltas de la llave.
Si los desconcertó no lo demostraron. Simplemente giraron sus talones y la escoltaron hasta el vehículo, detenido a unos metros. Era un modelo nuevo, una especie de todoterreno, sin ningún logo que indicara la marca que lo había fabricado. Esperó a que le abrieran la puerta del asiento trasero y entró. Como había imaginado: los asientos eran de cuero y todo olía a demasiado nuevo. No pudo evitar preguntarse cuánto habría costado aquel "cacharro". En cuanto oyó el zumbido y notó las vibraciones del motor magnético acelerándose, supo que mucho más dinero del que ella vería junto jamás en su vida. Sonrió hacia abajo en una mueca de disgusto mientras se acomodaba en el enorme asiento. Iba a ser un viaje largo. Era el único motivo para no ir por carretera. Eso, o que la urgencia era demasiada.
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