He soñado Babylonia como siempre he soñado. Y allí estabas tú. Tengo miedo porque entonces el ayer ha alcanzado al hoy. Me asusta la vieja historia sempiterna, me asusta que las palabras que no dije se conviertan en olvido y me asusta que las palabras pronunciadas se tornen en distancia. Y es hoy cuando no puedo dejar de preguntarme qué he de hacer. Quiero correr y alejarme de ti, quiero correr y acercarme a ti, quiero correr. Cierro los ojos con el deseo de volver a verte entresueños mientras mi corazón late lleno de miedo por lo que no siento, por lo que siento...
Y sí, Babylonia es una ciudad, una muy real, demasiado real, tan real que podrías viajar a ella si quisieras y supieras cual es...
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martes, 17 de diciembre de 2013
martes, 24 de septiembre de 2013
Breves
<<Él sí que sabía dónde conseguirla. ¡Y la mejor! Porque a él siempre le daban la mejor, y si no, que se atuvieran a las consecuencias...>>
<<Estaba plenamente convencido de que era imposible enamorarse de la persona equivocada, aún así, él lo había hecho y lo sabía.>>
<<Ningún amor era imposible, excepto el suyo.>>
<<Me causaría más satisfacción dejar su cuerpo maltrecho y tullido, pero eso siempre acarrea preguntas incómodas, ya me entiendes; así que tendré que conformarme con que desaparezca.>>
<<Él mismo era su único lastre.>>
<<Equivocarse hiere, no aprender del error mata.>>
<<Sabes que aunque la tuvieras delante no serías capaz de balbucear ninguna de esas palabras.>>
<<La vio venir, de frente, con toda su estela de aire caliente y su boca de plomo. En otro tiempo la habría esquivado, pero hoy era su día. El día en el que ella lo reclamaría. Ella, la muerte.>>
<<Solo tenía un temor. Uno que le recorría negro por las venas, helándoselas y dejándole la sangre lenta y espesa. El temor a no volver a verla, el temor a que sus oídos no escucharan lo que tenía que decirle; el temor a no ser capaz de pronunciar las palabras.>>
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miércoles, 11 de septiembre de 2013
Cicatriz
Varios dedos por debajo del pezón izquierdo y a un lado del esternón acarició, entre triste y alegre, embriagado por una melancolía lejana, una fina, recta y rosada hendidura en su piel. Una cicatriz que no hacía demasiado que aún pudiera llamarla herida. Podía recordar los movimientos serpenteantes del espadachín encapuchado con total detalle. Incluso llegaba a sentir el corte preciso en su piel. La punta del arma plateada y helada sobre su cuerpo cálido. Su vista se posó primero en la sangre que escapaba perezosa de su cuerpo, más a cad latido. Luego sus ojos viajaron sin cortarse por el filo hiriente, para detenerse en la empuñadura de hueso y oro, repleta de filigranas abigarradas. Después encotraban los dedos, pequeños, delgados y ágiles, envueltos en un guante de cuero fino y elegante, negro. La piel del antebrazo se mostraba al descubierto, nívea, hasta el codo, donde se enrollaba la manga de una camisa, de un suave lila, que se perdía antes del hombro bajo una capa de azul oscuro como la noche. Bajo la capucha adivinó unos cabellos oscuros, largos, rizados y sedosos; un rostro pálido y blanco, adornado por unos labios de sangre y unos ojos de zafiro. El rostro de la mujer espadachín desapareció entre las sombras un instante antes que toda ella, envuelta en el abrazo de la noche, madre de las estrellas. Recordó su vano intento de alcanzarla con la mano, de evitar que se marchara, y como su cuerpo flaqueó, doblando las rodillas antes de caer al suelo. Despertó helado, con una herida que ya no sangraba pero que le dejaría una buena cicatriz, una que le recordaría toda su vida que se dió cuenta demasiado tarde de que la amaba...
jueves, 20 de junio de 2013
Inevitable
Nadie me preguntó el porqué de mi gesto y de mi mirada, nadie lo vio, nadie se percató; y es lo normal en este mundo donde no es necesario inventar la capa mágica de la invisibilidad. Caminamos ciegos, sólo con ojos para esa pantalla de letras y colores, caminamos sordos, sólo con oídos para esos auriculares. Caminamos sin saber que pasa a nuestro alrededor. El sol golpeaba inclemente, con una fuerza sádica, por eso la gente se apiñaba bajo la débil sombra que proyectaba la cornisa. El aire no se movía, aprisionado por el calor. Miré a un lado y a otro, el tren se desdibujaba varios cientos de metros, avanzando. Mis pasos llevaron a mis pies justo hasta el límite, la línea amarilla que vela por nuestra seguridad. Mis ojos quedaron fijos en las vías mientras escuchaba el traqueteo de acero cada vez más cercano. Nadie supo que en mi cabeza se libraba una batalla por evitar lo inevitable.
Silencio
Siempre creí que el silencio no era más que la ausencia de sonidos, que era ese momento en el que puedes oirte pensar, que era la definición del diccionario y nada más; pero ahora sé que sólo estaba equivocado. En realidad el silencio no tiene nada que ver con eso, nada que ver, es algo muy distinto; mucho más vacío, mucho más gélido, mucho más temible. El silencio es cuando no escuchas mis palabras y no contestas a mis preguntas, ese es el verdadero silencio, ese es el silencio que mata, lentamente y desde dentro; ese es el silencio. Y ahora lo escucho tan alto y claro, que sé que mañana ya no estaré vivo sino muerto.
lunes, 10 de junio de 2013
"Confesiones"
Confesiones, confesiones a media noche ante el espejo fijo donde puedo ver tu imagen, ante aquella foto de aquella noche, tú sabes bien cual. Me verías tomar aire, mover las manos nerviosas y restregarlas contra el pantalón para secar el sudor en las palmas; luego te miraría al mismo tiempo que mis pulmones dejarían escapar un suspiro, y entonces volvería a respirar para permitir que unas pocas palabras escaparan. ¿Y qué es lo que oirías? Una mentira tan contradictoria que es una verdad pura, y es que temo que creas que me he enamorado de ti, tanto como temo que pienses que no lo he hecho... Me quita el sueño saber que nunca leerás con tus ojos estas palabras salir de mis labios, pues la distancia que nos separa es tan inmensa como un segundo vestido de eternidad.
"De Siempre"
<<No quieres creerlo. Te tapas los oídos con las manos, con tanta fuerza que por un segundo piensas que es posible que aplastes tu propio cráneo, pero es algo léjos de lo que podría ocurrir. El murmullo del silencio te atrapa por unos segundos, sólo por unos segundos. Ahí está, ahí está sonando de nuevo la misma canción, con la misma voz y la misma melodía. Y ya no sabes de manera alguna si viene de fuera o de dentro, no sabes si realmente suena o imaginas que suena. Sólo sabes que es "la misma canción de siempre".>>
martes, 28 de mayo de 2013
DeHistorias (1)
[...]
En un día como hoy, no puedo evitar preguntarme si nuestras voces volverán a intercambiar palabras; porque ahora sólo alcanzo a escuchar silencios. Tengo que reconocer que me sorprendiste con enormidad, tres veces. La mayor de ellas, la última, que fue como si se sumaran las dos primeras y luego se multiplicaran por menos diez; más de lo necesario para engullir en el vacío las anteriores y lanzarlas a un recuerdo muerto de olvido. En realidad, si lo pienso, no logro entender y lo único que consigo es embriagarme de pena, de un manto pesado que me impide llegar allí.
En la noche me asalta la hiriente cuestión de cuanto erré al entender, y me pregunto si, pronunciar más palabras enderezarán este rumbo errado que sólo lleva a un lugar repleto de borradas memorias muertas.
[...]
En un día como hoy, no puedo evitar preguntarme si nuestras voces volverán a intercambiar palabras; porque ahora sólo alcanzo a escuchar silencios. Tengo que reconocer que me sorprendiste con enormidad, tres veces. La mayor de ellas, la última, que fue como si se sumaran las dos primeras y luego se multiplicaran por menos diez; más de lo necesario para engullir en el vacío las anteriores y lanzarlas a un recuerdo muerto de olvido. En realidad, si lo pienso, no logro entender y lo único que consigo es embriagarme de pena, de un manto pesado que me impide llegar allí.
En la noche me asalta la hiriente cuestión de cuanto erré al entender, y me pregunto si, pronunciar más palabras enderezarán este rumbo errado que sólo lleva a un lugar repleto de borradas memorias muertas.
[...]
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martes, 21 de mayo de 2013
Elemental
Que hubiera pasado tanto tiempo hasta descubrir el porqué le resultaba casi inconcebible y, en esos momentos, no sabía si sonreir y sacudirse de encima aquella pesada capa arrastrada durante décadas, o si sentía como una daga que se clavaba aún más profundamente en su corazón.
La voz de su antiguo maestro revelándole el secreto horas antes de morir aún retumbaba en su cabeza: "La afinidad de los elementales hacia un elemento no les proporciona una protección contra el mismo, ni les ayuda a controlarlo mejor. Al contrario. Les profiere una increíble desventaja ya que atraen a su elemento de forma irremediable. ¡Qué estúpidos hemos sido para tardar tanto tiempo en darnos cuenta!". Aún días después podía ver los labios del anciano moviéndose hasta que los labios se detuvieron y los párpados cayeron como el velo de la noche. <<Así que por eso se quemaba siempre con todo. Ese era su destino, abrasarse con el más nimio fuego. Al menos ahora lo entendía, pero ¿acaso es un consuelo?>> Los pensamientos habían cruzado rápido su mente y todavía se repetían a cada momento. Dudaba que fuera un consuelo, un alivio para todas las pesadas cargas que había tenido que soportas, un bálsamo que suavizara los tragos ardientes y amargos; lo dudaba tanto que estaba convencido de que no sería así.
Restregó los dedos contra las manos, masajeándolas. Había visto tantos fuegos nacer bruscamente y convertirse en increíbles hogueras para luego verlos reducirse a cenizas con más velocidad, que casi estaba convencido de tener que estar acostumbrado; pero no era así, no lo era en absoluto: las llamas seguían quemándole como la primera vez. Una lágrima recorrió su rostro, primero por la mejilla, despacio, ganando velocidad y luego por el surco de la barbilla hasta el mentón; justo antes de precipitarse al vacío. Odiaba los fuegos, los odiaba con toda la fuerza de su ser y los odiaba con su alma completa. Tras ellos sólo quedaban cenizas y de ellas nada podía recuperarse. Miró atrás aunque sabía que no debía hacerlo porque allí no quedaba más que un polvo fino y gris, de tacto grasiento, y sabor ácido y amargo. Lo más parecido que podía verse en la tierra a la nada verdadera, al vacío de las estrellas, al vacío helado de la muerte.
La voz de su antiguo maestro revelándole el secreto horas antes de morir aún retumbaba en su cabeza: "La afinidad de los elementales hacia un elemento no les proporciona una protección contra el mismo, ni les ayuda a controlarlo mejor. Al contrario. Les profiere una increíble desventaja ya que atraen a su elemento de forma irremediable. ¡Qué estúpidos hemos sido para tardar tanto tiempo en darnos cuenta!". Aún días después podía ver los labios del anciano moviéndose hasta que los labios se detuvieron y los párpados cayeron como el velo de la noche. <<Así que por eso se quemaba siempre con todo. Ese era su destino, abrasarse con el más nimio fuego. Al menos ahora lo entendía, pero ¿acaso es un consuelo?>> Los pensamientos habían cruzado rápido su mente y todavía se repetían a cada momento. Dudaba que fuera un consuelo, un alivio para todas las pesadas cargas que había tenido que soportas, un bálsamo que suavizara los tragos ardientes y amargos; lo dudaba tanto que estaba convencido de que no sería así.
Restregó los dedos contra las manos, masajeándolas. Había visto tantos fuegos nacer bruscamente y convertirse en increíbles hogueras para luego verlos reducirse a cenizas con más velocidad, que casi estaba convencido de tener que estar acostumbrado; pero no era así, no lo era en absoluto: las llamas seguían quemándole como la primera vez. Una lágrima recorrió su rostro, primero por la mejilla, despacio, ganando velocidad y luego por el surco de la barbilla hasta el mentón; justo antes de precipitarse al vacío. Odiaba los fuegos, los odiaba con toda la fuerza de su ser y los odiaba con su alma completa. Tras ellos sólo quedaban cenizas y de ellas nada podía recuperarse. Miró atrás aunque sabía que no debía hacerlo porque allí no quedaba más que un polvo fino y gris, de tacto grasiento, y sabor ácido y amargo. Lo más parecido que podía verse en la tierra a la nada verdadera, al vacío de las estrellas, al vacío helado de la muerte.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Marea...
Y te das cuenta de como los barcos, perdidos en la inmensa marea de la tormenta del tiempo, se van perdiendo uno a uno entre las olas; empujados hacia destinos distintos y lejanos. Tal vez, te permites pensar, nuestros rumbos vuelvan a coincidir algún día cuando la mar se presente más llana y calma, tal vez vengan en mi busca; pero en realidad sabes que esos "tal vez" no son más que una esperanza vana que se aferra a un pasado que no volverá. Puedes perder el nuevo orizonte al frente, mirando hacia atrás para ver como las velas desaparecen más allá del borde esférico del oceano; o apretar los dientes, derramar lágrimas o contenerlas, y mirar hacia delante mientras el aullido del viento va difuminando el pasado poco a poco.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Desierto
Ahí, tras tus ojos, es evidente que no queda nada para mi. Sólo la incertidumbre tachonada sobre el alma, porque no vi fue la tormenta de arena que se llevó el oasis dejando más desierto. Supongo que todo fue producto de un espejismo burlón y cruel, de demasiado sol, o el efecto de la sed más seca y delirante. Los pies arrastran dejando un surco borrado por el viento que anuncia la llegada del olvido, algún día.
miércoles, 3 de abril de 2013
El Valle...
Este era un lugar donde el verdor mostraba todos sus tonos. Miles de florecillas de cientos de colores desprendían sus dulces y suaves fragancias. El agua discurría clara y rápida. Allí se agrupaban un montón de albaricoques que daban la fruta más dulce que jamás podrías probar. El cielo siempre se veía azul y salpicado por nubes de algodón. Podías tumbarte durante horas en el manto verde, y dejarte acariciar por el viento mientras sentías como la felicidad te embargaba de la cabeza a los pies, mientras tu mirada se perdía sobre los picos aún blancos de nieve.
Pero todo eso fue antes de que la ceniza lo cubriera todo. Un polvo gris, ácido y esteril, que asfixió la última brizna de hierba, que quemó cada árbol y cada flor, y que tiñó el cielo de su mismo color, convirtiéndolo en un único tono. Y, poco a poco, esa misma ceniza abrasa cada recuerdo dulce y feliz que tengo de este lugar.
Pero todo eso fue antes de que la ceniza lo cubriera todo. Un polvo gris, ácido y esteril, que asfixió la última brizna de hierba, que quemó cada árbol y cada flor, y que tiñó el cielo de su mismo color, convirtiéndolo en un único tono. Y, poco a poco, esa misma ceniza abrasa cada recuerdo dulce y feliz que tengo de este lugar.
domingo, 24 de marzo de 2013
Fragmentos...
<<Si me lo preguntaras a mi te diría que no, que no volvió. Al menos eso es lo que yo prefiero pensar, porque la otra alternativa se me antoja demasiado terrible. Ya sabes, esas cosas absurdas que tiene la vida. De esas como cuando estás en tu casa, sin nadie a tu alrededor, simplemente leyendo un libro o tirado en la cama escuchando música, pero no estás solo; pero en cambio puedes ir al bar con un montón de amigos, rodeados de un montón de gente y estar realmente solo. O como la distancia, que kilómetros pueden ser cerca, casi ahí al lado, y medio metro puede ser lejos, demasiado lejos. Y son de esas cosas que siempre hacemos mal, porque digo yo, que porqué no nos quedamos en casa tranquilamente leyendo un libro, que es lo que deberíamos hacer; pero no, todos vamos al bar. Supongo que algún día a eso también te podré contestar, pero no hoy>>.
jueves, 7 de marzo de 2013
La Entrevista
Miré a su cara llena de arrugas, que como los anillos de un árbol contaban cada año y cada experiencia. Pero lo más significativo eran sus ojos. En ellos se dibujaba toda una vida plena, menos un leve brillo lejano y escondido lleno de tal vez, de quizá, de arrepentimiento.
Llevado por mi curiosidad no pude evitar lanzarle la pregunta a pesar de que ya habíamos terminado la entrevista y casi lo habíamos recogido todo.
-Sé que ha tenido una buena vida, me lo ha dicho y se le ve en la cara, además, por lo que todos saben así ha sido, pero, ¿hay algo de lo que se arrepienta? ¿Algún error del pasado que le gustaría corregir?
No olvidaré como suspiró, tomó aire, relajó la cara y sus ojos se volvieron más brillantes mientras se perdían viendo algo que no estaba allí. Sus labios casi dibujaron una sonrisa triste.
-Sí hay algo de lo que me arrepiento, sí, una única cosa.
Me eché un poco hacia delante, con mis oídos ávidos por conocer la respuesta, por oír qué me iba a contar.
-Sí... De no haberle dicho que la amaba, que la amaba con locura, a la única mujer que realmente mereció que lo hiciera, a la única que habría merecido la pena mirarla y decirle "un te quiero".
-Pero nunca es tarde para eso.-Dije entre esperanzado, triste y asombrado.
-Para mi me temo que sí lo es. Demasiado tarde desde hace cinco años.
Su voz casi se apagó, y dos lágrimas recorrieron los laberintos en su cara, hasta encontrarse al final de la barbilla justo antes de precipitarse al vacío.
Llevado por mi curiosidad no pude evitar lanzarle la pregunta a pesar de que ya habíamos terminado la entrevista y casi lo habíamos recogido todo.
-Sé que ha tenido una buena vida, me lo ha dicho y se le ve en la cara, además, por lo que todos saben así ha sido, pero, ¿hay algo de lo que se arrepienta? ¿Algún error del pasado que le gustaría corregir?
No olvidaré como suspiró, tomó aire, relajó la cara y sus ojos se volvieron más brillantes mientras se perdían viendo algo que no estaba allí. Sus labios casi dibujaron una sonrisa triste.
-Sí hay algo de lo que me arrepiento, sí, una única cosa.
Me eché un poco hacia delante, con mis oídos ávidos por conocer la respuesta, por oír qué me iba a contar.
-Sí... De no haberle dicho que la amaba, que la amaba con locura, a la única mujer que realmente mereció que lo hiciera, a la única que habría merecido la pena mirarla y decirle "un te quiero".
-Pero nunca es tarde para eso.-Dije entre esperanzado, triste y asombrado.
-Para mi me temo que sí lo es. Demasiado tarde desde hace cinco años.
Su voz casi se apagó, y dos lágrimas recorrieron los laberintos en su cara, hasta encontrarse al final de la barbilla justo antes de precipitarse al vacío.
viernes, 1 de marzo de 2013
Como son las cosas...
-¿Aún sigues con eso?- se escuchó la voz de Berios, apoyado en el narco de la puerta.
-Sí.-no levantó la mirada de lo que estaba haciendo.
-¿Pero has dormido algo?-sus pasos indicaron que se acercaba.
Meneó la cabeza para decir que no. Berios se situó a su lado y observó lo que estaba haciendo. Sobre la mesa, encima de un grueso paño, descansaban montones de trozos de cristal y cerámica.
-¿Hasta cuándo piensas seguir con esto?
-Hasta que lo consiga.
Berios suspiró.
-Hay cosas que a veces no se pueden arreglar, por más que lo intentes.
-Entonces, ¿qué? ¿Simplemente debo tirarlas? ¿Olvidarme de todo esto?
-Sería lo mejor.
-Me gustaría, pero no, no puedo. Tengo que arreglarlo.
-¿Te has planteado que eso no dependa de ti?-Ahora sí apartó la vista del puzzle de piezas rotas.-Las cosas no siempre dependen de uno mismo.
-Eso es demasiado desesperanzador.
-Sí, lo es, pero así son las cosas, así funcionan y lo mejor es aprender a olvidar, a dejarlo pasar, a ignorarlo.
-¿Me estás diciendo que debo aprender a convertir algo que para mi es importante en algo que no lo sea? ¿Ese es el consejo que todos váis a darme? Eso es muy desafortunado.
-Sí, puede parecerlo, pero piénsalo, quién es más feliz, ¿el qué se preocupa o el qué no lo hace?
-No puedo. Y ahora, por favor, déjame, tengo mucho que hacer.
Berios se encogió de hombros y suspiró.
-Algún día lo entenderás, espero.-dijo antes de marcharse.
-Sí.-no levantó la mirada de lo que estaba haciendo.
-¿Pero has dormido algo?-sus pasos indicaron que se acercaba.
Meneó la cabeza para decir que no. Berios se situó a su lado y observó lo que estaba haciendo. Sobre la mesa, encima de un grueso paño, descansaban montones de trozos de cristal y cerámica.
-¿Hasta cuándo piensas seguir con esto?
-Hasta que lo consiga.
Berios suspiró.
-Hay cosas que a veces no se pueden arreglar, por más que lo intentes.
-Entonces, ¿qué? ¿Simplemente debo tirarlas? ¿Olvidarme de todo esto?
-Sería lo mejor.
-Me gustaría, pero no, no puedo. Tengo que arreglarlo.
-¿Te has planteado que eso no dependa de ti?-Ahora sí apartó la vista del puzzle de piezas rotas.-Las cosas no siempre dependen de uno mismo.
-Eso es demasiado desesperanzador.
-Sí, lo es, pero así son las cosas, así funcionan y lo mejor es aprender a olvidar, a dejarlo pasar, a ignorarlo.
-¿Me estás diciendo que debo aprender a convertir algo que para mi es importante en algo que no lo sea? ¿Ese es el consejo que todos váis a darme? Eso es muy desafortunado.
-Sí, puede parecerlo, pero piénsalo, quién es más feliz, ¿el qué se preocupa o el qué no lo hace?
-No puedo. Y ahora, por favor, déjame, tengo mucho que hacer.
Berios se encogió de hombros y suspiró.
-Algún día lo entenderás, espero.-dijo antes de marcharse.
viernes, 15 de febrero de 2013
"La delgada línea entre..."
Podía notar el aliento de su rival, jadeante, cálido y húmedo, con un ligero aroma a frutas. También el calor que desprendía su piel cubierta por un manto resbaladizo y salado. Casi podía saborearlo. El destello del metal invadió sus ojos y escuchó claramente como el filo del arma pasaba rozándole la mejilla. El regusto salado a sangre se escurrió entre sus labios para llegar a la lengua. Paladeó el líquido rojo y escupió, apartándose unos metros al mismo tiempo que hacía descender su espada.
-La victoria es vuestra, una vez más, maestro.-reconoció con humildad mientras clavaba sus ojos en el suelo.
-"La línea entre el todo y la nada siempre es demasiado delgada como para que puedas verla a simple vista, recuérdalo".
-Así lo haré, maestro.
-La victoria es vuestra, una vez más, maestro.-reconoció con humildad mientras clavaba sus ojos en el suelo.
-"La línea entre el todo y la nada siempre es demasiado delgada como para que puedas verla a simple vista, recuérdalo".
-Así lo haré, maestro.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Camino
-Entonces, ¿sólo hay un camino? Se escuchó que preguntaba, entre triste y resignado.
-Así es Respondió la voz hueca desde su púlpito vacío e invisible.
-¡Qué lástima! Y se dió media vuelta.
-Así es Respondió la voz hueca desde su púlpito vacío e invisible.
-¡Qué lástima! Y se dió media vuelta.
jueves, 7 de febrero de 2013
Guerrero
Era un guerrero. Largas cicatrices por todo su cuerpo atestiguaban
silenciosas las heridas de incontables combates. ¿Cuántas de ellas
habían sido mortales? No podía recordarlo, más de una, más de diez, más
de cien...Y aún así, siempre continuó adelante, siempre blandiendo la
espada contra el enemigo y siempre volviendo a ponerse en pie para
acudir a la batalla; pero hoy las fuerzas flaqueaban, la lanza
atravesada en su pecho, más allá del músculo y el hueso, parecía haber
roto algo más que carne. ¿Tal vez sobre aquella punta plateada envuelta
en un manto carmesí que se precipitaba al suelo descansaba su férrea
voluntad herida, al fin, de muerte? Apretó los dientes, tensó sus
músculos intentando levantarse. Un intento. Dos. Tres... Nada. Su boca
se llenó de sangre con el sabor amargo del fracaso. Lo sabía. Los
segundos de su última batalla se escapaban como agua entre las manos o
arena al viento. No habría un nuevo combate en el que luchar, no habría
nuevas oportunidades, sólo habría un silencioso final olvidado...
viernes, 1 de febrero de 2013
Otro Cortito
-¿De verdad? ¿Otra vez vuelves a intentarlo? ¿Tendré qué despellejarte hasta el hueso para encontrar ese último ápice de esperanza que aún pareces tener y librarte de ella de una vez por todas? ¿Es eso lo que me obligarás a hacer?
lunes, 28 de enero de 2013
Nuevo Temor
Hace años habrías sido el primero al que le contara todo esto, ahora, ahora estás demasiado lejos; pero lo que te diría sería que hoy he descubierto un nuevo temor. He tardado demasiado en darme cuenta, demasiado, y en estos momentos quiero sólo creer que es demasiado tarde. Solamente creerlo, porque aún deja lugar para la incertidumbre aún cuando sea engañarme un poco, una tenue . Y cuál es este nuevo temor me preguntarías, el de haber sido demasiado lento, el de haber estado demasiado ciego, el de llegar demasiado tarde. Siempre en mi corazón me ha asustado el rechazo, el abrirle a alguien mi alma y que simplemente no se dignara a mirar en ella ni con un parpadeo; pero no era más que un susurro, una leve brisa de miedos. Hay algo mucho más terrible, el que hubiera una persona a la espera de que le abrieras tu corazón y llegar tarde, porque eso significaría haberle hecho daño a alguien a quien irremediablemente amas. Y eso es lo que creo que he hecho y no sé como remediarlo. Siento que me asfixia, que ese temor aprieta mi corazón no dejándolo latir y me atenaza porque no veo la oportunidad de decir ninguna palabra.
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