viernes, 11 de octubre de 2013

"Importaba"

El sonido rugoso, de la arena escapando por las costuras del saco, era una perfecta metáfora de como estaba acabando todo para él. Desde el suelo, mientras la vida se le escapaba en una tibia mancha carmesí, podía ver los diminutos cristales amarillos y naranjas lanzarse al vacío en alguna clase de cascada seca.

Ahora, mientras las sombras inundaban el brillo húmedo de sus ojos, y el silencio llenaba cada vez más sus oídos, se preguntaba si no habría sido más inteligente aceptar el soborno y dejarse caer en el tercer asalto; pero eso él no pudo verlo a tiempo, él tenía que ganar el título, tenía que hacerlo y no cabía otra cosa en su mente. Sin embargo, en esos precisos instantes, lograr el cinturón dorado de los pesos pesados no le importaba, ni lo más mínimo; ni siquiera le importaba el hecho de estar muriéndose. Lo único que le importaba era no haberle podido decir que la quería, que la amaba con locura. Pero ya era tarde, ya no había tiempo.

La arena dejó de caer y todo se volvió negro y vacío.

martes, 24 de septiembre de 2013

Breves

<<Él sí que sabía dónde conseguirla. ¡Y la mejor! Porque a él siempre le daban la mejor, y si no, que se atuvieran a las consecuencias...>>
<<Estaba plenamente convencido de que era imposible enamorarse de la persona equivocada, aún así, él lo había hecho y lo sabía.>> 
<<Ningún amor era imposible, excepto el suyo.>>
<<Me causaría más satisfacción dejar su cuerpo maltrecho y tullido, pero eso siempre acarrea preguntas incómodas, ya me entiendes; así que tendré que conformarme con que desaparezca.>>

<<Él mismo era su único lastre.>>
<<Equivocarse hiere, no aprender del error mata.>>
<<Sabes que aunque la tuvieras delante no serías capaz de balbucear ninguna de esas palabras.>>
<<La vio venir, de frente, con toda su estela de aire caliente y su boca de plomo. En otro tiempo la habría esquivado, pero hoy era su día. El día en el que ella lo reclamaría. Ella, la muerte.>>
<<Solo tenía un temor. Uno que le recorría negro por las venas, helándoselas y dejándole la sangre lenta y espesa. El temor a no volver a verla, el temor a que sus oídos no escucharan lo que tenía que decirle; el temor a no ser capaz de pronunciar las palabras.>>

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cicatriz

Varios dedos por debajo del pezón izquierdo y a un lado del esternón acarició, entre triste y alegre, embriagado por una melancolía lejana, una fina, recta y rosada hendidura en su piel. Una cicatriz que no hacía demasiado que aún pudiera llamarla herida. Podía recordar los movimientos serpenteantes del espadachín encapuchado con total detalle. Incluso llegaba a sentir el corte preciso en su piel. La punta del arma plateada y helada sobre su cuerpo cálido. Su vista se posó primero en la sangre que escapaba perezosa de su cuerpo, más a cad latido. Luego sus ojos viajaron sin cortarse por el filo hiriente, para detenerse en la empuñadura de hueso y oro, repleta de filigranas abigarradas. Después encotraban los dedos, pequeños, delgados y ágiles, envueltos en un guante de cuero fino y elegante, negro. La piel del antebrazo se mostraba al descubierto, nívea, hasta el codo, donde se enrollaba la manga de una camisa, de un suave lila, que se perdía antes del hombro bajo una capa de azul oscuro como la noche. Bajo la capucha adivinó unos cabellos oscuros, largos, rizados y sedosos; un rostro pálido y blanco, adornado por unos labios de sangre y unos ojos de zafiro. El rostro de la mujer espadachín desapareció entre las sombras un instante antes que toda ella, envuelta en el abrazo de la noche, madre de las estrellas. Recordó su vano intento de alcanzarla con la mano, de evitar que se marchara, y como su cuerpo flaqueó, doblando las rodillas antes de caer al suelo. Despertó helado, con una herida que ya no sangraba pero que le dejaría una buena cicatriz, una que le recordaría toda su vida que se dió cuenta demasiado tarde de que la amaba...

sábado, 10 de agosto de 2013

Esas palabras...

<<El problema es que a veces una palabra puede ser demasiado. Demasiado breve. Demasido larga. Demasiado tarde. Demasiado afilada. Demasiado para que unos oídos la escuchen, unos ojos la lean, una lengua la saboree o unos dedos la toquen. Y eso genera miedo a nuestra propia voz, a nuestros propios trazos. Un miedo atenazante y que llena de silencios. Querría simplemente mirarte y decirte que quiero conocer que más se esconde entre tus páginas, saber cual es el final de la historia que narras con cada latido, mirada y suspiro; porque sé que aún no he llegado a pasar de la primera línea de la primera página. Y es que si tuviera que condensarte en un sólo golpe de voz me viene únicamente a la cabeza: "enigmática".>>

<<¿Se puede saber qué haces hablándole al espejo?>>

<<¡Nada! ¡Simplemente, nada!>>

jueves, 11 de julio de 2013

Porqué

-No lo entenderías.-La piel nívea en la cara de Rubén no pareció moverse lo más mínimo, dejando las palabras sin la compañía de un gesto o una emoción. Sólo su mirada lánguida y perdida podía interpretarse como un atisbo de hastío. Pero a pesar de la rotunda afirmación continuó liberando sonidos desde sus labios.-Es una inquietud, una necesidad vital, como respirar o comer; sin eso estoy condenado a muerte, una muerte lenta y agónica. Para mí, cada porqué que se me queda sin resolver es como una espina larga y afilada que se clava en mi corazón, y alguna acabará por matarme, lo sé.
-¿Es por eso que volverás a hacerlo?
-Sí, desde luego, cuando no existe una lógica, cuando no está claro a pesar de las preguntas y las respuestas no queda más remedio que volver a formularlas, iguales y diferentes.
-No hablamos de matemáticas sino de personas. Y las personas, muchas veces, no tienen lógica en lo que hacen.
-Siempre hay una lógica, y ahí es cuando estalla el conflicto, cuando las respuestas no se corresponden, cuando el ayer y el hoy divergen tanto que no tienen sentido.
-Eso puede ser porque existe la mentira.
-Es posible, pero la mentira sólo oculta la verdad, el porqué, sólo lo distorsiona y lo hace más complicado de encontrar. Y si alguien miente es porque es un necio.
-¿Has pensado qué tal vez el porqué que buscas sólo está en tu mente?
-Sí, y no te digo que sea imposible, pero cómo me podría equivocar antes y no ahora; los datos están ahí, la evidencia, también. Lo único que se interpone entre ellos es la mentira que las personas ponen ante sus ojos para negarlos, para intentar engañar al que busca la verdad, al que busca el porqué; pero me da igual, haré lo necesario para conocer las respuestas.
-¿Aunque eso signifique terminar con todo?
-Amigo mio, si no encuentro el porqué, todo está acabado ya.