Después de pensarlo mucho tiempo, más del necesario, más del permitido, más del adecuado, había encontrado la solución a su problema. Casi le sorprendía que aquella fuera la solución, que hubiera estado con él durante tanto tiempo; aunque tenía que reconocer que era tan fácil como difícil. Incluso en algún momento se acercaba más a lo imposible que lo improbable. ¿Y cuál era la solución? Dejar de ser él mismo. Únicamente debía olvidar quién era, lo que había sido y lo que posiblemente fuera. Sólo tenía que vaciarse, desfigurándose tanto que la próxima vez que se mirara en el espejo, los ojos al otro lado del cristal no fueran los suyos, sino los de algún otro: un desconocido. Otro que no sabía nada de él.
viernes, 14 de febrero de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
Misterios (2)
"La Bahía", como llamaban cariñosamente a la plataforma de aterrizaje de la brutal mole arquitectónica conocida en el mundo entero como, "El Cíclope", se mostraba bajo ellos. Las turbulencias durante el trayecto fueron más de las que cualquiera de los tres en el interior del vehículo habrían admitido como aceptables, por lo que tenían el fuerte deseo de verse en tierra. Si es que a la base donde "El Cíclope" se cimentaba podía llamársela así. Construído en mitad del Atlántico Norte, sobre unos enórmes pilares que se hundían kilómetros bajo el océano hasta anclarse en el fondo, se elevaba mil quinientos metros por encima de la superficie del agua. Desde allí, desde aquella torre de vídrio, acero, titáneo y carbono, el CNU. Centro de Naciones Unidadas, (UNC. United Nations Center en sus siglas en inglés) controlaba los pasos de todo el globo. Se suponía que era una salvaguarda para evitar que sucedieran nuevamente hechos como los que incendiaron Europa y USA, y tras ellos gran parte del mundo, en el 2070; cuando por fin, los efectos de la crisis económica que comenzara en el 2008, se hicieron reales para tal número de la población mundial, que la insurgencia y la rebelión brotó en cualquier lugar. La estafa de las grandes corporaciones empresariales oculta bajo "la crisis", finalmente había quedado descubierta y, con el tiempo, tomada como inaceptable. Tras un periodo de 9 años en el que la guerra asoló la mayor parte del planeta, precedida de la miseria y el hambre, en el 2079, el 23 de Noviembre a las 12 del medio día, según el horario de Greenwich, la guerra cesó. Las inmensas fortunas acaudaladas por unos pocos se repartieron entre muchos y, de alguna manera, el contador se puso a cero. Una vez más. Así nació, en el 2083, cuatro años después, el CNU, con la misión de controlarlo todo y a todos, para evitar una nueva tragedia.
Sabía desde el principio que la llevarían allí, siempre era ese el protocolo, pero los rostros que se cruzaban por los pasillos con sus ojos azules (en aquella ocasión) mostraban una clase de tensión que no era la típica del estrés en el trabajo. No, era algo más. No sabía aún el qué, pero lo averiguaría. En ese momento dedujo que no iban a salir del edificio en una buena temporada. No habían ido en su busca para darle un montón de informes y usar su experiencia de campo en cualquier lugar del mundo, no. Esa vez "cualquier lugar del mundo" sería, ni más ni menos, que la sede central del CNU. No pudo evitar sentir un cosquilleo en la nuca. Una sensación hueca que siempre avisaba de problemas. Habían entrado por arriba, por el helipuerto en la parte más alta del edificio, lo que significaba que se encontraban en la última planta. Seguramente, sólo los de allí supieran que algo había pasado. Bajar un piso más habría sido encontrarse de cara con la normalidad. Pero que algo alterara a los que lo veían y escuchaban todo, era, cuanto menos, para no descartar la preocupación y, por qué no, algo de miedo. No pudo evitar preguntarse qué reto iban a presentarle y si estaría a la altura.
Sabía desde el principio que la llevarían allí, siempre era ese el protocolo, pero los rostros que se cruzaban por los pasillos con sus ojos azules (en aquella ocasión) mostraban una clase de tensión que no era la típica del estrés en el trabajo. No, era algo más. No sabía aún el qué, pero lo averiguaría. En ese momento dedujo que no iban a salir del edificio en una buena temporada. No habían ido en su busca para darle un montón de informes y usar su experiencia de campo en cualquier lugar del mundo, no. Esa vez "cualquier lugar del mundo" sería, ni más ni menos, que la sede central del CNU. No pudo evitar sentir un cosquilleo en la nuca. Una sensación hueca que siempre avisaba de problemas. Habían entrado por arriba, por el helipuerto en la parte más alta del edificio, lo que significaba que se encontraban en la última planta. Seguramente, sólo los de allí supieran que algo había pasado. Bajar un piso más habría sido encontrarse de cara con la normalidad. Pero que algo alterara a los que lo veían y escuchaban todo, era, cuanto menos, para no descartar la preocupación y, por qué no, algo de miedo. No pudo evitar preguntarse qué reto iban a presentarle y si estaría a la altura.
miércoles, 22 de enero de 2014
La Ventana
<< Es curioso cómo una imagen que antes te hacía vibrar el corazón de entusiasmo, puede convertirse en algo que sólo provoque repulsa, primero, y luego la más absoluta de las indiferencias >>
Héctor alzó los ojos de lo que estaba haciendo y se encontró con la espalda de Aníbal al otro lado de la habitación, justo ante la ventana, con la mirada hacia fuera. Era imposible saber a qué se refería. Sus manos se mantenían ocultas, por lo que Héctor no podía saber si tenía, o no, el "smartphone", cosa más que probable porque rara vez lo soltaba, ni para comer; o si bien, simplemente, su vista se paseaba por la nada colorida calle a la que daban las vistas de su salón-comedor. Héctor no se molestó en preguntar, simplemente agachó la cabeza y siguió con su tarea. No quería saber a qué se refería su compañero de piso. No quería saberlo de verdad, con convencimiento. La experiencia le había enseñado que, ciertas cosas era mejor mantenerlas en la ignorancia. Aunque desde luego suponía lo que en esos instantes Aníbal ponía bajo sus ojos. No, realmente no lo suponía, tenía la certeza de lo que era: alguna foto, en el móvil o que acababa de ver en Internet, en cualquiera de las muchas páginas "de amigos".
Héctor alzó los ojos de lo que estaba haciendo y se encontró con la espalda de Aníbal al otro lado de la habitación, justo ante la ventana, con la mirada hacia fuera. Era imposible saber a qué se refería. Sus manos se mantenían ocultas, por lo que Héctor no podía saber si tenía, o no, el "smartphone", cosa más que probable porque rara vez lo soltaba, ni para comer; o si bien, simplemente, su vista se paseaba por la nada colorida calle a la que daban las vistas de su salón-comedor. Héctor no se molestó en preguntar, simplemente agachó la cabeza y siguió con su tarea. No quería saber a qué se refería su compañero de piso. No quería saberlo de verdad, con convencimiento. La experiencia le había enseñado que, ciertas cosas era mejor mantenerlas en la ignorancia. Aunque desde luego suponía lo que en esos instantes Aníbal ponía bajo sus ojos. No, realmente no lo suponía, tenía la certeza de lo que era: alguna foto, en el móvil o que acababa de ver en Internet, en cualquiera de las muchas páginas "de amigos".
martes, 21 de enero de 2014
Lo Único
Lo único que le quedaba, lo único que quería ya, era que el largo sueño le alcanzara. Su corazón sólo bombeaba cáustica amargura por las venas, y la desesperación atenazaba cada bocanada de aire, con tallos de rosas marchitas llenas de hirientes alfileres. Lo único que aún aferraba entre sus dedos no conocía otro nombre que Desesperanza. Lo único que podía anhelar era que el telón de la dama blanca cayera al siguiente instante, antes del próximo latido, antes de la siguiente inspiración, antes del próximo segundo de vida.
viernes, 17 de enero de 2014
Misterios (1)
El sonido continuo y redondo del motor eléctrico se detuvo bruscamente, siguiéndole a los pocos instantes el golpe de un par de puertas al cerrarse. No le hacía falta ver a los dos hombres que acababan de bajarse del vehículo para saber que aspecto tenían, tampoco necesitaba abrir para saber que querían. Sólo había un motivo por el que podían estar allí. Suspiró pesadamente y se llevó la taza de café hirviendo, negro y sin azucar a los labios. Paró el movimiento un segundo y tomó un sorbo largo. El golpe de unos nudillos contra la madera rompió el silencio del interior de la cabaña. Sin prisa dejó la taza sobre el platillo en la mesa, se levantó y, acercándose a la entrada, liberó la cerradura. Al otro lado del umbral aparecieron dos hombres de traje negro y corbata, con gafas oscuras ocultando los ojos, y el pelo ridículamente pulcro y engominado. Uno de ellos ostentaba una placa que no llegó a leer.
- ¿Dónde vamos esta vez? - Preguntó mientras salía, calándose su chaqueta de piel, sin darles tiempo a los otros de decir palabra alguna. Cerró la puerta con un par de vueltas de la llave.
Si los desconcertó no lo demostraron. Simplemente giraron sus talones y la escoltaron hasta el vehículo, detenido a unos metros. Era un modelo nuevo, una especie de todoterreno, sin ningún logo que indicara la marca que lo había fabricado. Esperó a que le abrieran la puerta del asiento trasero y entró. Como había imaginado: los asientos eran de cuero y todo olía a demasiado nuevo. No pudo evitar preguntarse cuánto habría costado aquel "cacharro". En cuanto oyó el zumbido y notó las vibraciones del motor magnético acelerándose, supo que mucho más dinero del que ella vería junto jamás en su vida. Sonrió hacia abajo en una mueca de disgusto mientras se acomodaba en el enorme asiento. Iba a ser un viaje largo. Era el único motivo para no ir por carretera. Eso, o que la urgencia era demasiada.
- ¿Dónde vamos esta vez? - Preguntó mientras salía, calándose su chaqueta de piel, sin darles tiempo a los otros de decir palabra alguna. Cerró la puerta con un par de vueltas de la llave.
Si los desconcertó no lo demostraron. Simplemente giraron sus talones y la escoltaron hasta el vehículo, detenido a unos metros. Era un modelo nuevo, una especie de todoterreno, sin ningún logo que indicara la marca que lo había fabricado. Esperó a que le abrieran la puerta del asiento trasero y entró. Como había imaginado: los asientos eran de cuero y todo olía a demasiado nuevo. No pudo evitar preguntarse cuánto habría costado aquel "cacharro". En cuanto oyó el zumbido y notó las vibraciones del motor magnético acelerándose, supo que mucho más dinero del que ella vería junto jamás en su vida. Sonrió hacia abajo en una mueca de disgusto mientras se acomodaba en el enorme asiento. Iba a ser un viaje largo. Era el único motivo para no ir por carretera. Eso, o que la urgencia era demasiada.
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