martes, 21 de enero de 2014

Lo Único

Lo único que le quedaba, lo único que quería ya, era que el largo sueño le alcanzara. Su corazón sólo bombeaba cáustica amargura por las venas, y la desesperación atenazaba cada bocanada de aire, con tallos de rosas marchitas llenas de hirientes alfileres. Lo único que aún aferraba entre sus dedos no conocía otro nombre que Desesperanza. Lo único que podía anhelar era que el telón de la dama blanca cayera al siguiente instante, antes del próximo latido, antes de la siguiente inspiración, antes del próximo segundo de vida.

viernes, 17 de enero de 2014

Misterios (1)

El sonido continuo y redondo del motor eléctrico se detuvo bruscamente, siguiéndole a los pocos instantes el golpe de un par de puertas al cerrarse. No le hacía falta ver a los dos hombres que acababan de bajarse del vehículo para saber que aspecto tenían, tampoco necesitaba abrir para saber que querían. Sólo había un motivo por el que podían estar allí. Suspiró pesadamente y se llevó la taza de café hirviendo, negro y sin azucar a los labios. Paró el movimiento un segundo y tomó un sorbo largo. El golpe de unos nudillos contra la madera rompió el silencio del interior de la cabaña. Sin prisa dejó la taza sobre el platillo en la mesa, se levantó y, acercándose a la entrada, liberó la cerradura. Al otro lado del umbral aparecieron dos hombres de traje negro y corbata, con gafas oscuras ocultando los ojos, y el pelo ridículamente pulcro y engominado. Uno de ellos ostentaba una placa que no llegó a leer.
- ¿Dónde vamos esta vez? - Preguntó mientras salía, calándose su chaqueta de piel, sin darles tiempo a los otros de decir palabra alguna. Cerró la puerta con un par de vueltas de la llave.
Si los desconcertó no lo demostraron. Simplemente giraron sus talones y la escoltaron hasta el vehículo, detenido a unos metros. Era un modelo nuevo, una especie de todoterreno, sin ningún logo que indicara la marca que lo había fabricado. Esperó a que le abrieran la puerta del asiento trasero y entró. Como había imaginado: los asientos eran de cuero y todo olía a demasiado nuevo. No pudo evitar preguntarse cuánto habría costado aquel "cacharro". En cuanto oyó el zumbido y notó las vibraciones del motor magnético acelerándose, supo que mucho más dinero del que ella vería junto jamás en su vida. Sonrió hacia abajo en una mueca de disgusto mientras se acomodaba en el enorme asiento. Iba a ser un viaje largo. Era el único motivo para no ir por carretera. Eso, o que la urgencia era demasiada.

miércoles, 1 de enero de 2014

Ultimas...

Sonaban a lo lejos los últimos alientos de aquel día, un día como cualquier otro, un día tan único como irrepetible, un día 31 de un Diciembre que se agotaba. Había aplicado todos los remedios que el Doctor le indicara antes de marcharse, pero nada parecía surtir efecto para paliar el mal que le aquejaba. En esos instantes se enfrentaba él también a su final. Sabía que en cuanto la última campanada de media noche sonara su corazón se detendría, y lo único que podía curarle estaba a demasiados kilómetros de distancia, aunque la lejanía en realidad no era un problema geográfico, lo mismo hubiera dado que la medicina dulce, tibia y rosada, estuviera apenas a unos metros, apenas a unos palmos, apenas a unos centímetros; porque jamás llegaría a sus labios. Y posiblemente fuera mejor así, el fin de la agonía de su tiempo. Intentaba alejar de él aquel pensamiento gris, pero no podía, la nada se le antojaba mejor que otros 365 días diferentes pero todos iguales...

miércoles, 25 de diciembre de 2013

El Cristal...

La tienda se encontraba abarrotada, por lo que era casi imposible mirar nada con detenimiento, aún así, no estaba dispuesto a dejarse abrumar por la muchedumbre. Abrió su chaqueta y se quitó guantes y bufanda, metiéndolos en los bolsillos. Afianzó los pies y se planto delante de la vitrina, al mismo tiempo elevó la música en su MP3, la tercera "pista" del Último Mohicano escapó de entre los auriculares y sus oídos.

En los diferentes estantes iluminados descansaban varias tallas de cristal. Con mucho cuidado tomó una de ellas, formada por multitud de caras lisas y acorazonadas, formando un pequeño corazón. Sus ojos atravesaron la luz más allá y su vista se perdió en su interior, donde se reflejaban condensados tantos recuerdos. Vio todas las huellas dejadas en el tiempo durante el año anterior, las sintió cercanas, más de lo que estaban ahora. Unos segundos después notó como, una a una, iban desapareciendo, borradas por los días del último año. Cerró los ojos intentando detener el agua temporal que dejaba una arena limpia y vacía, pero fue inútil. La última pisada acabó por desaparecer. Entre sus dedos notó como el cristal se quebraba, dejando en el interior de su mente un eco vacío imposible de olvidar. Apretó los dientes y contuvo las lágrimas cargadas de sonrisas perdidas.

martes, 17 de diciembre de 2013

Sueño Nuevo, Sueño Viejo

He soñado Babylonia como siempre he soñado. Y allí estabas tú. Tengo miedo porque entonces el ayer ha alcanzado al hoy. Me asusta la vieja historia sempiterna, me asusta que las palabras que no dije se conviertan en olvido y me asusta que las palabras pronunciadas se tornen en distancia. Y es hoy cuando no puedo dejar de preguntarme qué he de hacer. Quiero correr y alejarme de ti, quiero correr y acercarme a ti, quiero correr. Cierro los ojos con el deseo de volver a verte entresueños mientras mi corazón late lleno de miedo por lo que no siento, por lo que siento...

Y sí, Babylonia es una ciudad, una muy real, demasiado real, tan real que podrías viajar a ella si quisieras y supieras cual es...